Factores de cambio: el camino hacia la transformación (II)

“Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos” Viktor Frankl

No podemos resistirnos a aceptar que las cosas han cambiado y de que volverán a cambiar. Aceptemos que dedicando el mismo esfuerzo, los resultados de hoy son diferentes a los de ayer. Por tanto, continuemos con la reflexión sobre los factores necesarios para cambiar de paradigma, entender las cosas de una nueva forma y tomar mayor consciencia de la vida que nos rodea y que a veces nos pasa por delante sin apenas darnos cuenta.

La duda es la primera clave necesaria para cambiar, ya que nos invita a mirar dentro de nosotros mismos y a chocar de frente con nuestra insatisfacción. Esto nos hace tomar mayor consciencia de la necesidad de cambio y evolución. La incertidumbre positiva nos hace asumir que las cosas pueden salir mal pero que no por ello debemos afligirnos, por tanto no tengamos miedo y no cerremos el corazón al riesgo y al dolor.

La capacidad de amar es el alimento más importante para poder transformarnos, de casi todo somos capaces por amor y gracias a él estamos vivos, no hay otra forma de sobrevivir en el planeta si no recibimos el amor incondicional de otra persona. Conservemos en nuestros actos la pasión, la intensidad, la conectividad, la necesidad, la generosidad, las ganas de vivir, la energía y la capacidad de crear que nos brinda esta palabra mágica. La capacidad de amar nos abre hacia la capacidad de perdonar sin rencor, de resetear nuestras relaciones y cargar de nuevo las pilas. El amor no necesita de las comodidades materiales, de fortuna externa y proporciona lo estrictamente necesario para una vida plena.

La aceptación del dolor. Afrontémoslo con sosiego pero dejemos siempre la puerta abierta al retorno del placer y la felicidad. No podemos vivir siempre en la comodidad sin aceptar la dualidad felicidad/dolor. La adversidad nos permite descubrir nuevas facetas y potenciar nuestras virtudes y al mismo tiempo nos permite madurar emocionalmente. Aceptar y tener la consciencia de que es imposible sentirse felices en todo momento. No tengamos miedo al dolor, el miedo a perder nos hace perder de verdad o al menos nos predispone al fracaso, ya que nuestros pensamientos son potenciales generadores de circunstancias. Según los estoicos, los seres humanos debemos agradecer los infortunios porque nos permiten desarrollar nuestra fuerza. La mayoría de veces hasta que no llegamos a una situación de dolor y malestar, no nos cuestionamos nuestra forma de ver el mundo, lo que nos abre un abanico de posibilidades para mejorar como seres humanos. Darnos de cabeza y resignarnos continuamente nos somete y hunde en la desdicha, pero aceptar y afrontar lo que nos sucede nos hace capaces de iniciar el camino de la transformación.

El valor del optimismo. Las personas optimistas rinden entre un 65% y un 100% más y sufren menos enfermedades. Siguiendo las enseñanzas de Victor Frankl, no podemos elegir lo que nos va suceder pero si podemos elegir la actitud con la que vamos a afrontarlo. Esa actitud será el motor de las acciones y las circunstancias que se generen y si nuestra actitud es positiva, lo cual no quiere decir que sea inconsciente, tendremos una mayor capacidad de crear soluciones y alternativas. La actitud optimista es la que mueve al mundo a hacer cosas buenas para los demás. Las personas optimistas almacenan en la memoria principalmente recuerdos positivos y tienen mayor facilidad para tener éxito, valorar los malos acontecimientos con más perspectiva y mayor esperanza frente al futuro.  Las personas pesimistas no sólo ven el problema dentro de si mismos, sino también proyectan el dolor hacia sus semejantes, buscan y destacan las partes negativas y tienden a restar importancia a los logros ajenos, sumiéndose en la codicia emocional y la apatía existencial. No tienen facilidad para realizarse interiormente y sentirse plenos ya que lo logrado nunca es suficiente y todo esto les lleva a generar mayores niveles de cortisol y stress y finalmente a enfermar con mayor facilidad (no solo enfermedad física), sentirse incapaces y más débiles y vulnerables.

En la próxima entrega terminaremos con el resto de factores que facilitan y propician el cambio y la transformación.

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