Factores de cambio: el camino hacia la transformación (III)

Finalmente y sin más preámbulos vamos a exponer los últimos factores motivadores del proceso de cambio positivo, convencido y consciente.

La necesaria confianza. Sin ella nunca hubiéramos empezado a caminar. La confianza nos permite afrontar los retos con esperanza y sentido y nos da la fuerza necesaria para intentarlo. Los muros que encontramos en la vida muchas veces se nos ponen delante para que seamos capaces de demostrar lo mucho que queremos algo. No podemos basarnos en la confianza como único soporte de nuestro éxito, ya que mal entendida puede derivar en arrogancia, que supone tener una confianza sin sustento, convirtiéndonos en desproporcionados e inconscientes. Pero aprovechemos la lucidez de la confianza, ya que nos hace ser creativos de forma natural. Así pues, la confianza nutre nuestra creatividad.

Sonreír y fomentar el sentido del humor. Los que ríen viven entre un 20 y un 25% más. La risa es atractiva, contagiosa, libera tensión y provoca felicidad. Un día sin risa es un día perdido. Riendo estimulamos nuestros circuitos neuronales y hasta gastamos muchas más calorías.

 La humildad. No te creas mejor que nadie, no te ciegues por la soberbia, no te resignes al cambio, abre los ojos y acepta lo que te brinda el destino. Humildad deriva del latín humilis, que significa “bajo” o “de la tierra”, por lo que  la humildad nos mantiene conectados con nuestras raíces, en suelo firme, lejos del encantamiento y la soberbia. La humildad nos despoja de sufrimientos e imposiciones del sistema y nos permite ser más auténticos, tolerantes y agradecidos. No en vano, para el gran filósofo Kant, la humildad era la virtud más importante de la vida.

El esfuerzo y la perseverancia.  Nuestra vida está regida por la ley de causa-efecto. Alex Rovira en su último libro “La buena crisis” explica que el motivo por el que la mariposa puede volar, ya que  la energía que desprende para romper el capullo le sirve para echar a volar una vez  roto su pedúnculo sedoso. Sus alas derrochan tanta fuerza que se fortalecen lo suficiente como para poder emprender el vuelo. Por tanto, la clave para que pueda iniciar su vida de mariposa está en el sobreesfuerzo constante que realiza previamente. Cuando dejamos de esforzarnos por algo, perdemos de vista hasta donde somos capaces de llegar, hasta donde alcanza nuestra fuerza.

Compromiso social. Si nos comprometemos con nosotros mismos, nos comprometemos también con lo que nos rodea. No podemos dejar a un lado el compromiso con nuestros semejantes. Desarrollar labores sociales nos permite mantenernos vivos, relacionarnos con fines supremos e inequívocos, emocionarnos y motivarnos con nuestras acciones y sentirnos más vivos, lo cual se relaciona directamente con el optimismo necesario para el cambio.

La Gratitud. Ser agradecidos y manifestar la gratitud a las personas que nos rodean, desde el conductor del autobús, camarero de nuestro bar, compañero de trabajo o algún familiar más cercano. La simple gratitud de estar vivos es motivo de armonía y tranquilidad interior. Seamos conscientes de que al tener la oportunidad y el regalo de poder vivir más tiempo y  tener la posibilidad de cumplir más objetivos que el mero hecho de crecer y reproducirnos, el hombre se encuentra ante la reflexión sobre el sentido de la vida, de si mismo y ante el reto de la felicidad. El mero hecho de poder plantearse esta cuestión ya debería ser motivo de satisfacción. Seamos gratos por el simple hecho de estar vivos, hace pocos siglos la esperanza de vida era menos de la mitad de lo que es hoy en día.

Motivación. Motivación y pasión. Ilusión y motivación. Todos sinónimos de acción y culminación. Las personas motivadas no solo rinden mejor sino que son más conscientes de los sucesos de su alrededor, son personas conscientes y más resolutivas. La motivación se adquiere cuando creemos, cuando entendemos, cuando decidimos y cuando tenemos ilusión. La motivación y la pasión nos llevan a la acción y el esfuerzo se supera fácilmente con ilusión, palabra que tiene su raíz en el latín illudere que viene de ludere, cuyo significado es “juego”. Así pues, la ilusión nos evoca la palabra juego y qué fácil es motivarse y esforzarse si nos sentimos como si estuviéramos jugando!

En resumen, en las 3 últimas entregas hemos hablado de la curiosidad, la autocrítica, la opción del fracaso, la capacidad de dudar, el amor, la aceptación del dolor, el optimismo, la confianza, el esfuerzo, la consciencia, el sentido del humor, el compromiso, la gratitud y la motivación como motores de cambio. Una lista que permanece abierta. Ahora volvamos a las exposiciones y reflexiones sobre casos personales, colectivos y empresariales. Casos que nos inspiran, nos sorprenden y nos empujan. Tomemos carrerilla y salgámonos de lo común.

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