Gestionar el fracaso y la consciencia emprendedora

Fracaso“He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi trescientos partidos…He fallado una y otra vez en mi vida y eso es exactamente lo que ha fundamentado mi éxito” Michael Jordan.

Nos han educado para el éxito. Desde pequeños nos han intentado enseñar el camino ganador, hemos visto como la sociedad admira a los triunfadores y evita a los que fracasan. Nos afligimos con facilidad si no podemos controlar el entorno. Las cosas no son perfectas y nos afligimos por ello. Desde nuestra infancia, la influencia del entorno y del consumo nos motiva a triunfar en la vida de un modo material sin prestar atención a la gestión del fracaso, a  cómo afrontar la adversidad y crecer en la imperfección. No sabemos gestionar el fracaso para fortalecernos en el camino que debemos recorrer, nos cuesta asumir que  sin riesgo no hay creación y asociamos inconscientemente riesgo a fracaso y fracaso a parálisis. Mientras en España llamamos empresas de Capital Riesgo a las empresas que invierten en sectores emergentes y productos innovadores, en EE.UU. se las conoce como “capital aventura” (venture capital), poniendo de manifiesto una laguna de base cultural que sufrimos en nuestra sociedad; el miedo al fracaso.

Si bien sabemos que en momentos de crisis se montan más empresas por necesidad, no hace falta recurrir a estudios para darse cuenta de que la actividad emprendedora retrocede. Según el último informe del observatorio GEM (Global Enterpreneurship Monitor), una plataforma internacional de investigación impulsada por instituciones académicas (el Instituto de Empresa en el caso de España) que estudia el fenómeno de creación de empresas a nivel internacional, la tasa emprendedora de 2009 fue un 33% menor que la de 2007. Y lo malo del dato es que este descenso se fundamenta principalmente en el miedo al fracaso. Por el contrario, se mantiene la proporción de nuevas empresas de corte innovador (20% del total) y crecen las nuevas empresas que invierten en tecnología (del 9% al 14%) aunque el capital inicial invertido desciende desde 50.000 € hasta 30.000 €. Si innovar es arriesgarse, parece que los que se arriesgan encuentran caminos y mantienen su posición. Asimismo, la capacidad de adaptación y la imaginación se hacen patentes pues somos capaces de invertir en nuevas tecnologías y obtener resultados similares con menos recursos.

Se trata pues de una cuestión de confianza ante los retos y el riesgo de los mismos. Por ello, nos enfrentamos ante el desafío de educar la consciencia emprendedora en nuestra sociedad a todos los niveles, esto es, ser capaces de fomentar desde jóvenes una actitud constructiva y creadora ante los acontecimientos del entorno, fomentar la creatividad como modo proactivo de resolver problemas, el optimismo y la solidaridad como modo de enfocar los retos y enseñar a valorar los fracasos como impulsos de experiencia, como nuevos trampolines a paradigmas diferentes. Cada vez somos más lo que creemos que es hora de actuar, abandonando la actitud reactiva y pasando a la acción,  huir del Estado como solucionador de problemas, así que no podemos quedarnos parados conformándonos con lo que nos encontramos delante de nuestras narices o recibimos a final de mes. Educar la consciencia emprendedora es fundamental no como sinónimo de éxito económico en la empresa sino como medio para motivar el atrevimiento y el sentido del riesgo, desplazando el foco de atención desde el miedo al fracaso a la ilusión de una nueva realidad posible, construida piedra sobre piedra con el esfuerzo desde abajo hacia arriba. 

Porque si prestamos atención a la cita de Michael Jordan de la cabecera, nos damos cuenta de que la capacidad de creación se alimenta del fracaso, la adversidad nos hace ponernos a prueba para poder superarnos a nosotros mismos, forzándonos a abandonar el statu quo en el que tan inconscientemente bien nos funcionan las cosas. El reto  del cambio es ser capaz de dar un salto de consciencia, actitud y responsabilidad. No podemos esperar a que las cosas sucedan por inercia o casualidad, es momento de afrontar los problemas de frente.

Me despido con una pregunta; ¿Qué te hace vibrar interiormente y cuáles son tus limitaciones para ir en su búsqueda?

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