Estés donde estés, atrévete a cambiar

Izarzugaza

Independientemente de la ubicación geográfica o por tradicional que parezca un sector productivo, vivimos tiempos de cambios rápidos y realidades efímeras, así que aunque las cosas vayan bien en el presente y tengas tu zona de influencia controlada, es mejor cuestionarse lo establecido, provocar nuevas ideas y preparar el cambio antes de que se te adelanten y te dejen fuera de juego. Puede que hoy no sea necesario pero que mañana sea imprescindible.

Mikel Izargaza tiene 31 años y es carnicero en una empresa familiar centenaria de Mundaka. Pero ni su longevidad ni su ubicación le hacen asentarse en la conformidad y a pesar de su horario interminable, ha sentido la curiosidad de ir más allá para adaptarse al contexto de las nuevas tecnologías. Empezó colmando su curiosidad asistiendo a cursos de formación en escaparatismo, merchandising y desde que participó en uno de internet puso en marcha una página web que hoy vende a ciudades como Segovia o Madrid. Un secreto; siempre que recibe un pedido on-line se tiene un contacto “real” telefónico con el cliente para acordar el día de llegada. Otra de las iniciativas que ha puesto en marcha es la de instalar una pantalla táctil dentro de la tienda para hacer el pedido y recogerlo a la hora que indiques o en el momento, cosa que viene muy bien si hay colas o vienen turistas extranjeros ya que está en varios idiomas. Para ampliar el servicio y ofrecer alternativas horarias de compra, en la calle puedes encontrar una máquina expendedora especial para comprar croquetas, sándwiches o charcutería ya que “había que dar servicio cuando la carnicería cierra”. El último avance de la empresa es sacar una gama de precocinados sin gluten. Todo esto sin perder el respeto por la máxima calidad de la carne, pues el ganado se compra en el caserío ya que según indica “no somos partidarios de granjas”.

El caso de Mikel, como muchos otros, ilustra el ejemplo de que no solo es posible innovar desde sectores tradicionales y ubicaciones periféricas, sino que es más necesario que nunca, casi imprescindible para romper la espiral del difícil statu quo en el que muchas veces se instauran las pymes. A nivel provincial, si las pymes son capaces de inyectar nuevos aires y refrescar ambientes a veces demasiado cargados, son capaces al mismo tiempo de aumentar el nivel de motivación y rendimiento de sus plantillas de trabajadores que al final son los habitantes de pueblos y ciudades, y cuando nos movemos en un entorno laboral motivador, excitante, exigente y impulsor de talento e ideas, nos convertimos al mismo tiempo en ciudadanos más optimistas, conscientes y comprometidos con el lugar en el que vivimos.  Si las empresas impulsan equipos humanos autómatas, casi robots, donde todo está sumamente estandarizado y no paran de repetir aquello de “no te pago para pensar” no sólo llegará otro que será capaz de mejorar lo establecido y arrebatar lo que parecía consolidado sino que al final esta actitud trasciende a la vida en comunidad, y nos convierte en autómatas sin iniciativa, a la espera de que alguien (tenga forma de estado o de empresa privada) nos resuelva la existencia a corto plazo para ser capaces de hacer frente a la hipoteca y acabar dejándose llevar por la inercia, la resignación y la desidia del que adjudica su propio destino al sometimiento del más vale malo conocido que bueno por conocer. 

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