El reto del retail es la revolución tecnológica, no los horarios comerciales

Horario comercial

Horario comercial

Los horarios comerciales son quizás el debate más vivo en lo referente al comercio minorista hoy en día en España, tanto por parte de medios de comunicación como de discurso político. El primer paso para clarificar sus motivos y razones es conocer donde se origina el debate en un país que no es rígido en materia de regulación comercial y que se sitúa muy por encima de la media europea en libertad horaria. Precisamente este es uno de los pocos aspectos en lo que si podemos presumir que estamos en la Champions League, no obstante al ciudadano de a pié poco le ha importado este debate creado ‘in vitro’”en despachos para posteriormente ser debatido calurosamente entre comerciantes grandes y pequeños bajo la mirada de asociaciones de consumidores y políticos, que luego (y no antes) se posicionan siguiendo sus doctrinas ideológicas. No es momento aquí de enzarzarse en la guerra de datos puesto que los hay de diversa y dudosa índole por ambos lados pero lo cierto es que los diferentes barómetros que ha ido publicando el CIS vienen demostrando que la cuestión de los horarios no preocupa a los españoles. El último de ellos, de abril de 2011 mostraba que el 87,5% de los españoles no se siente perjudicado por la limitación de aperturas de establecimientos comerciales y sólo el 39,6% de los españoles era partidario de la plena libertad.

En este sentido, no es justo defender la libertad utilizando los horarios comerciales. La libertad se defiende de otra forma, más valiente, con perspectivas más amplias y atacando a la raíz de los problemas. Utilizar al comercio para enarbolar la bandera de la libertad y la vanguardia sólo cuando interesa es un engaño para todo el sector y al final el consumidor, utilizado como moneda de cambio, acaba siendo más víctima que verdugo. Si tanto se quiere defender al consumidor, hay muchas otras tareas pendientes. ¿Porqué no se habla más de la desregularización de las rebajas (concepto obsoleto y pasado de moda), del fraude en promociones y rebajas, de las garantías de los productos y su gestión, de los limitados horarios de los servicios públicos, del crédito para el consumo, de los servicios adicionales o del terrible problema de la accesibilidad a los centros urbanos? Y si tanto se quiere defender al comercio, ¿Por qué no se presiona más los bancos desde las administraciones públicas para que los comercios y emprendedores puedan acceder más fácil y rápidamente al crédito? ¿Por qué no se favorece, cambiando la legislación, la creación y financiación de áreas de excelencia urbano-comercial y centros comerciales de área urbana como han hecho otros países como Inglaterra, EE.UU o Canadá?

Para entender mejor la necesidad de ampliar horarios comerciales piensen en sí mismos: Si tiene 100 € para gastar, ¿se gastará 120 € porque se abran más horas? ¿dejará de gastarse parte de los 100 €porque la tienda no estaba abierta las suficientes horas o se irá a otra que encuentre abierta? Lo que de verdad preocupa al ciudadano de a pié es si puede o no aparcar, el trato y asesoramiento recibido, el precio, la imagen, los servicios y las aplicaciones y avances tecnológicos que poco a poco van copando el cambio en el comercio. Y si, también poder comprar cuando lo necesita, que no es lo mismo que a cualquier hora.

Por eso la verdadera guerra entre grandes y pequeños no está en que se vaya a abrir 24 horas (nadie lo haría). El debate está en la posibilidad de abrir en los festivos que se quiera, libertad de la que si gozan los pequeños (menos de 150 ó 300 m2 según autonomías) pero que no gozan los grandes (centros comerciales, cadenas, grandes superficies, etc.) que incrementarían su oportunidad de captación de visitantes porque a todos nos cuesta menos desplazarnos en coche para comprar en festivo que un día entre semana. A pesar de ello, hay que mirar más al nuevo consumidor y que sea este quien decida en un escenario de ganar-ganar en el que todos (y no solo una parte) puedan salir beneficiados.

No creo que interese demasiado una tienda abierta a las 23:00 h. pero quizás interese menos una tienda que cierra a las 20:00 h. si salgo de trabajar a las 19:30h. Señores comerciantes, esto es una realidad y hay que hacérselo mirar. Y más aún si al no poder disponer de una oferta comercial agrupada y atractiva en una ciudad adaptada, agradable y fácilmente accesible (no solo amplia en horarios) puedo irme a casa y sustituir ese momento de ocio comercial offline por un ocio online cómodo, rápido y sin nadie que me atosigue.

Lo que sí debería ser objeto de análisis y debate es como repartir las horas de apertura porque si uno se fija en las tiendas de su ciudad, ¿qué proporción de consumidores compran antes de las 11:00 h. en una tienda de imagen y sonido o una boutique? o ¿Cuántos compran frutas en un barrio dormitorio antes de las 18:00 h. de la tarde? ¿Porqué nadie se opone a que se celebren rastros y mercadillos los domingos en polígonos y extrarradios, a los que acuden a comprar miles de consumidores? Por lo tanto, no se trata de abrir más horas, sino mejor. Adaptar los horarios a los nuevos segmentos de cliente y los nuevos estilos de vida es imprescindible. Pero adaptarse a los nuevos estilos de vida también pasa por asegurar el abastecimiento a segmentos como los más concienciados con el medio ambiente (que van a pie, en bici o transporte público en su caso), los más mayores, los de movilidad reducida, etc.

El reto del comercio minorista en España no son los horarios comerciales. El quid de la cuestión no está en los horarios comerciales, está en la revolución tecnológica y la integración de lo sólido (comercio físico, offline) con lo líquido (online, nuevas tecnologías). El competidor del pequeño ya no es el grande, sino más bien la nueva aplicación de Amazon que no tiene horarios de uso y que permite escanear códigos de barras o incluso tomar fotos de productos, para buscarlos en su tienda online y comprarlos más baratos de lo que se venden en las tiendas físicas. El deber y la asignatura pendiente siguen siendo como integrar con éxito el retail on-line con el off-line, asegurando el abastecimiento a todos los segmentos e incrementando la competitividad del sector.

Desaprendamos a ver las cosas blancas o negras y aprendamos a ver los matices que conforman la realidad. Nos dirigimos a un mundo híbrido, líquido e inestable en el que las viejas consignas y posicionamientos no hacen más que perpetuar el lastre para el desarrollo de un sector vanguardista, apasionante e imprescindible en una sociedad verdaderamente libre, desarrollada y cohesionada.

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