Reinventarse: El fracaso como combustible del éxito

Son muchas las personas y empresas que tras experimentar derrota tras derrota y haber entregado todo su esfuerzo sienten que han fracasado y que finalmente todo lo que han hecho no ha merecido la pena perdiendo la visión, capacidad de perseverar y sentido desde las cosas.

Desde muy pequeños nos educan para triunfar en la vida pero nos olvidamos de enseñar a gestionar el fracaso. Protegemos a nuestros hijos de poder experimentar en su propia carne los efectos del fracaso, “no te subas ahí” o “deja de jugar con eso que te harás daño” y poco a poco vamos introduciendo el miedo al fracaso en nuestras vidas, el miedo a conseguir cosas y a llegar a ser quien podemos ser. Desde que aprendemos a andar, caemos una y otra vez hasta que logramos mantener el equilibrio y poner un pie delante de otro. Pero lo cierto es que llegamos a mayores con muchas frustraciones y miedos de que pasen cosas que nunca nos han pasado.

El problema del fracaso es el bloqueo que provoca y el miedo que imprime. Si esto se traduce en ansiedad empezaremos a creer que somos incapaces de conseguir cosas sin tener la evidencia de que no podemos conseguirlas y a crearnos una limitación autoimpuesta. Creo que si tuviéramos que aprender a andar de mayores, muchos de nosotros habríamos cesado momentos antes de haberlo conseguido. Cuando un niño cae y vuelve a intentarlo, lo hacen de un modo diferente hasta que lo consiguen de forma casi automática, está en nuestro ADN. Einstein decía que “Ningún problema importante puede ser resuelto desde el mismo nivel de pensamiento que lo generó”.

fracaso exito

En los últimos años siempre que he tenido la ocasión de preguntar a empresarios exitosos sobre la historia de sus empresas he insistido en la parte de los fracasos. Todos ellos han pasado por momentos críticos y han sufrido numerosos fracasos, y lo más importante es que han sabido sacar un aprendizaje del fracaso que les ha ayudado a su posterior éxito, incluso en situaciones de haber estado a punto de echar el cierre o incluso haberlo echado. El fracaso les ha puesto los pies en la tierra, hecho reflexionar y coger impulso para volver con más fuerza. Para conseguirlo es necesario hacerse preguntas, evaluarse internamente (y no tanto al entorno) y reflexionar sobre ello.

Algunas de estas reflexiones serían:

El fracaso es una constante que debemos aprender a gestionar. No fracasar implica no asumir riesgos y cuando no se asumen riesgos no queda espacio para el cambio y la mejora de los resultados.

Encontrar un sentido es mejor que tener éxito. El sociólogo Stefan Vanistendael y el psicólogo Jacques Lecomte escribirán un decálogo de recomendaciones para constituir la resiliencia (la capacidad del ser humano de hacer frente a las adversidades y salir fortalecido de ellas), y apuntaban en una de ellas que hay que diferenciar éxito de sentido. Algunas de nuestras acciones no tienen éxito, pero esto no significa que estén desprovistas de sentido. El sentido es mucho más determinante en la riqueza de la vida que el éxito.

Tomar decisiones y hacerlas buenas. Las decisiones siempre se toman sin disponer de conocimientos completos, en este sentido es más importante hacer buenas las decisiones que se han tomado que tomar buenas decisiones. Lo importante y urgente debe ser pasar a la acción, ponerse en movimiento y empezar a reinventarse, aún sin tener controlados los riesgos y sin toda la información disponible.

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Los mercados municipales en la encrucijada: situación y retos (Parte 2)

En las asociaciones de comerciantes de Mercados (y las asociaciones en general) nos encontramos muy frecuentemente que su éxito depende más de personas que de proyectos. Si las personas que tiran del carro se van, los proyectos se desvanecen. En los casos en que hay gerencias a tiempo completo o parcial no suele quedar demasiado presupuesto para acciones de dinamización, dada la falta de recursos y la baja propensión e implicación en el pago de cuotas razonables por parte de los socios, máxime cuando las cuotas de arrendamiento que cobran los ayuntamientos a los puestos han sido tradicionalmente y siguen siendo generalmente bajas.  Y en este escenario es difícil asegurar la viabilidad económica de las instalaciones y la independencia financiera de las asociaciones, cuestiones que son vitales si queremos garantizar la supervivencia del formato comercial del mercado minorista y de las propias asociaciones de comerciantes a través de la autogestión.

Esta gerencia se debe responsabilizar de diseñar y ejecutar un Plan de Acción para, entre otras cosas, llevar a cabo las imprescindibles tareas de dinamización comercial, cuyos aspectos más importantes para un mercado serían la intervención en el espacio para su mejora y adecuación a las nuevas necesidades y consumidores y las acciones dirigidas a la comunicación, promoción y animación del mercado y sus comercios. Esto es, hacer que “pasen cosas”. Para mayores, medianos, familias jóvenes y niños supone hacer que pasen cosas en el mercado de forma constante (cada mes mínimo) organizando actividades, sorteos, concursos, campañas de descuento, sorpresas y acciones celebradas al unísono con orgullo y proactividad, sean o no del entero agrado del comerciante.

Otras carencias importantes que observamos son la escasa implantación de servicios de forma generalizada, lo que hace mermar la competitividad de este formato comercial respecto a otros formatos ampliamente elegidos por los consumidores y la cuestión pendiente del relevo generacional y los nuevos puestos de venta, que se ven truncados por  no tener establecido un buen diseño de mezcla comercial variada y amplia y con la dimensión adecuada y una correcta y activa política de comercialización de puestos vacantes y profesionalización de los nuevos comerciantes.

Jornada Mercados MinoristasLos retos son claros. Es necesaria potenciar la figura del gerente, las mejoras en imagen, servicios e instalaciones, la implantación de sistemas de conocimiento y fidelización del cliente y la autogestión del Mercado a través del asociacionismo. Con los actuales cambios normativos, va a dejar de existir la obligatoriedad para los ayuntamientos de conservar su mercado municipal como servicio público. Para iniciar bien el camino de la autogestión es imprescindible tener suscrito primero una buena fórmula de partenariado público-privado consensuada y progresiva. Algunos ayuntamientos quieren que la asociación tenga la autogestión para quitarse literalmente de encima una carga económica importante y otros no quieren permitir la autogestión por miedo a perder el control de un espacio público. Las fórmulas son muchas en este sentido, pero lo importante a la hora de iniciar la autogestión es disponer de un edificio restaurado y en buen estado y un buen análisis de costes, previa constitución de alguna fórmula jurídica (agrupación de interés económico u otros) que posibiliten una obligada adhesión a la asociación que gestiona el espacio y que se puedan gestionar cuestiones como el cobro, la incorporación de nuevos comercios, las acciones de promoción, etc. bajo un escenario acordado con el ayuntamiento. El comienzo de la autogestión debería plantearse como una fórmula mixta, en la que el ayuntamiento también tenga unos compromisos (a través de convenios, responsabilizándose de determinados gastos, etc.), valga la expresión muy válida en este caso que dice que “para correr primero hay que empezar a andar”.  De los retos de la autogestión estaremos debatiendo este martes 3 de Diciembre en Sagunto en una jornada que organizaremos de la mano de la Asociación de Vendedores del Mercado de Sagunto. Esperamos que sea una jornada fructífera y motivadora.

Los nuevos emprendedores no están dispuestos a resignarse

Pedro Reig Operación Emprende

Pedro Reig Operación Emprende

En los últimos meses he tenido la fortuna de poder relacionarme, trabajar y hablar con muchos emprendedores de diversa índole, tanto emprendedores como intraemprendedores (aquellos que luchan desde dentro, como parte del equipo de una empresa ya activa). Desde mi paso por Operación Emprende de Ajev, clientes, trabajadores y amigos varios me han hecho reflexionar sobre cómo estamos afrontando la actual parálisis desde el emprendedurismo y la acción. En todo este tiempo he podido comprobar cómo la gente no está dispuesta a resignarse y sentarse a observar simplemente si algo o alguien mejora su actual situación. Sea una reacción de obligada supervivencia o porque no hay mucha gente decidida a no dejar que las cosas simplemente pasen. Aunque cada vez son más, no son tantos como para pensar que algo gordo está sucediendo, y aunque hay mucha gente decidida a emprender proyectos por convulsión (es decir, porque no les queda otra) me atrevería a estimar que entre una tercera parte de jóvenes en situación de riesgo profesional  tienen un proyecto emprendedor en mente definido, entendiendo riesgo profesional como “no seguridad”, es decir quedarse sin trabajo, haberse quedado ya, haber acabado sus estudios, etc.

En ese proceso de cambio, la primera reacción común fue darse cuenta de lo que les sucedía (o puede suceder), asimilar la fragilidad del futuro y la inestabilidad como algo no tan pasajero, darse cuenta de que no hacer nada es peor que hacer algo, asimilar que pueden poner mucho de su parte para tratar de cambiar las cosas y a partir de ahí fortalecer la actitud hacia algo nuevo desde las ideas y la pasión.

En las conversaciones mantenidas con los emprendedores pude observar talento y ganas de trabajar. Hay ideas, hay actitud y hay sensibilidad social pero sobretodo ahora, claridad en la necesidad de vender y obtener resultados económicos para poder aguantar. Se preocupan cada vez más por formarse (de modo exigente) y tener un buen plan de empresa, un documento de análisis y reflexión estratégica previa que sirva para reducir riesgos. Tienen claro que deben compartir sus ideas con otros, pedir opiniones, escuchar, intercambiar, relacionarse y no vivir aislados, sino colaborativamente y en red para sumar talentos y generar ahorro. Son quizás más austeros y están cada vez más dispuestos al sufrimiento; siempre les digo que lo único cierto es que tarde o temprano fracasarán y parece que están dispuestos a pagar ese precio. Observo un motor generalizado de pasión entre los proyectos e ideas y una visión más allá del resultado económico. Es decir, proporcionar valor y bienestar a la sociedad en la que viven.

Pero todo esto choca en cierto modo con una realidad volátil y efímera, con sensación creciente de tener cada vez menos control, más desconfianza en nuestros representantes y más poder en manos de menos organizaciones en una creciente concentración del poder económico en todos los sectores. ¿Seremos unos ilusos o seremos capaces de conseguir algo al final del camino? No tengo ni idea, pero lo cierto es que el camino que muchos empiezan a recorrer es lo que llenará de sentido sus vidas y hará cierta la frase que dice que la felicidad es un camino y no un destino.

Conferencia: Retail Revolution: Un nuevo escenario para el comercio minorista

Fundesem Business School

Conferencia: Retail Revolution: Un nuevo escenario para el comercio minorista

Lunes, 28 de enero, a las 19:00 h., en la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia

Confirmar mi asistenciaFundesem Business School en colaboración con la Universidad CEU Cardenal Herrera, Club Marketing Valencia y COVACO, te invitan a la Conferencia “RETAIL REVOLUTION: UN NUEVO ESCENARIO PARA EL COMERCIO MINORISTA“, que se celebrará el lunes, 28 de enero, a las 19:00 horas, en la Universidad CEU Cardenal Herrea de Valencia (Escuela de Negocios CEU, Palacio de Colomina. C/ Almudín 1.)

La conferencia correrá a cargo de Pedro Reig, Socio Director de Coto Consulting, donde dirige equipos para desarrollar estudios sobre comportamiento del consumidor y nuevas ideas para el sector Retail. Asimismo es Director de Asucova, la asociación de supermercados de la Comunidad Valenciana que representa a empresas como Mercadona, Consum, MasyMas ó Musgrave. Conferenciante y profesor especializado en Retail Marketing y creatividad. Es profesor del diploma de Gestión y Marketing de Centros Urbanos organizado por la Universidad de Valencia y el Consejo de Cámaras de Comercio de la Comunidad Valenciana así como miembro del comité científico del Centro de Retail Management de EADA y profesor del master en Retail Management en Fundesem Business School.

 

ESCUELA DE NEGOCIOS CEU DE VALENCIA

Palacio de Colomina.
C/Almudín, 1.

46003 Valencia.

2013 © Fundesem Business School

2013. Llegó la hora de salir a sembrar el trigo.

Para crear hay que destruir. Para obtener algo nuevo es necesario que lo viejo deje lugar. Para obtener el vino primero debe de crecer la uva, que debe ser transformada y desaparecer para dar lugar al caldo. Pero vino y uva no pueden convivir juntos, aunque el uno sea condición necesaria para el otro. Lo mismo sucede con la mariposa y el gusano, las estaciones del año,  etc. Todo lo nuevo necesita un camino libre para crecer porque cuando queremos construir nuevas estructuras sobre la base y los cimientos de las antiguas, al final todo acaba derrumbándose. En nuestra cultura cristiana y occidental existe un temor infundado a la renovación, a la destrucción creadora, a la desaparición y al más allá, nos horroriza la muerte como forma natural de dejar paso a lo nuevo y nos empeñamos en salvar todo lo que poseemos y hemos construido sin darnos cuenta que con ello imposibilitamos la oportunidad de crear una nueva realidad. Y lo peor de todo es que cuanto más nos empeñamos en salvar aquello a lo que le ha llegado su fin,  mayor es la caída y destrucción.

Y en eso estamos actualmente, en el dilema del cambio frente a la conservación, entre el miedo a perder lo poco que nos queda y el abismo de la renovación hacia un camino desconocido, entre la seguridad de conservar lo poco que tenemos y la oportunidad de crear algo totalmente nuevo, entre la cobardía de quedarnos casi como estamos y la valentía de querer cambiarlo todo. Si escuchamos a las voces dirigentes de nuestro rumbo (los mercados, el G8, etc.) no hacen más que dar vueltas sobre propuestas que poco cambian las cosas o que si las cambian servirán tan solo para empezar un nuevo ciclo que nos lleve a la misma situación actual en otros 10 o 15 años. Y porque? Pues porque se construyen sobre las mismas bases sobre las que se han creado nuestros problemas.   Es una espiral de difícil solución; Algunos (casi todos con poder y dinero) temen perder todo lo que han ganado y siguen ganando en la turbulencia mientras otros muchos (la gran mayoría) siguen abocándose en una espiral de destrucción y parálisis.

Nada volverá a ser como antes por mucho que intentemos repetir las recetas. La oportunidad que se le brinda a la sociedad, con más opciones que nunca de interconexión, es que asuma que tiene en sus manos el poder de cambiar las cosas. Basta ya de sentirnos tan minúsculos y  sobretodo basta ya de externalizar nuestro dolor, porque cuanto más tiempo pasamos culpando a los demás de lo que nos pasa más débiles y vulnerables nos sentimos. Es hora de deshacernos del pasado y la forma en que solíamos entender el mundo, las relaciones, la economía y el progreso. La nueva sociedad se basará en la cooperación y no en la competencia, en el trabajo en red por encima del éxito individual, en el emprendimiento en lugar de la subordinación y en el talento más que en el conocimiento. Solo así podremos garantizar el bienestar de nuestros hijos.  Todo ello desde una visión holística y global de los actos individuales y globales, con la consciencia de que todo deja huella.

Dejemos la resignación de las voces que nos dicen que no podemos hacer nada. Millones de pequeños aleteos de mariposa pueden producir un huracánImagen, siempre que todas asuman su pequeño rol. Seamos responsables de nuestro futuro de una vez por todas. Una nueva era puede empezar y tenemos el poder de hacerla realidad. Está claro que nos queda mucho camino por delante y que el nuevo año no va a venir con el pan bajo el brazo, así que ya va siendo hora de que salgamos a labrar la tierra y sembrar el trigo. 

Desequilibrio emocional en las empresas: la montaña rusa en la que vivimos

Vivimos tiempos desproporcionados en los desequilibrios se han asentado en nuestro día a día. La economía financiera hace tiempo superó a la “economía real”, esa que podemos ver y tocar en nuestros barrios y polígonos industriales. Vivimos en un entorno volátil e impredecible, donde el ciudadano, el trabajador y el emprendedor se sienten cada vez más dependientes de fuerzas externas no controlables que no hacen sino acrecentar un miedo que nos va paralizando. Este sentimiento de impotencia y descontrol es comparable a estar viviendo en una gran montaña rusa comprada en un bazar de todo a 1 €, donde nos tambaleamos a cada curva, subimos y bajamos rápidamente, desequilibrados y sin control de cabina.

De poco sirve aplicar las recetas de austeridad, control presupuestario y reformas que piden los mismos que luego nos castigan en una sinrazón incomprensible para la gente de a pie, que primero le hacen creer que cualquier tipo de rescate acaba hundiendo al país (caso Grecia) y luego ve como la prima de riesgo cae considerablemente por un simple anuncio de posible rescate. En este entorno confuso, los ciudadanos nos encontramos con dirigentes que parecen funcionar con “mando a distancia”. Y al final, basta una reflexión del presidente del Banco Central Europeo, una simple afirmación capaz de generar confianza en los mercados para calmar las cosas, sin necesidad de previo anuncio de reforma, cambio o evolución real en la economía. Lo material está perdiendo fuerza frente a lo volátil y efímero. Por primera vez, el humo se empieza a producir sin necesidad de quemar madera.

A este contexto se le suma el desequilibrio emocional en el que están inmersas miles de pequeñas y medianas empresas, dominado por ese vaivén desequilibrado de noticias y de resultados dispares e incomprensibles que hacen perder la sensación de control sobre lo que uno hace y cree poder hacer. El propio concepto de confianza se ha vuelto volátil, efímero y en definitiva se ha convertido en una víctima a la merced del miedo del ser humano.

Y en el trasfondo de todo parece que es el miedo quien se está apoderando del rumbo de nuestro destino como estado y como comunidad. Creo que la naturaleza de este efecto montaña rusa tiene su origen en el propio concepto de miedo creado en el inconsciente del ser humano, donde verdaderamente tomamos las decisiones.  La sensación de inseguridad y volatilidad abre la puerta para que el miedo gane terreno en nuestro inconsciente, limitándonos y acorralándonos y haciendo aflorar nuestra parte agresiva, oscura e intolerante que intenta protegernos de algo que desconocemos y que para nada nos sirve si tenemos claro que nuestra supervivencia futura pasa por un mayor entendimiento, unión y gestión conjunta de todo el planeta. A pesar de que nuestra supervivencia no corre ningún peligro, vivimos tiempos desconcertantes dominados por la desconfianza y un miedo paralizante y limitador. Esta forma de miedo colectivo nace del peligro de lo desconocido, de la inseguridad del presente y de la sensación de falta de control de nuestras vidas. Sólo desde la aceptación, la confianza y la compasión puede surgir una nueva forma de entender lo que sucede y reaccionar con sabiduría.  No podemos esperar que otros lo hagan por nosotros, necesitamos generar un nuevo caudal de confianza para girar los rostros y empezar a mirar hacia la luz si queremos ser capaces de crear un destino diferente al que nos está abocando esta sensación impotencia y esta inmovilidad.

Colpaso: El sistema se autoconsume

Colapso

Colapso

El sistema se autoconsume. No sólo es insostenible a corto plazo sino que probablemente se viene abajo sin apenas darnos cuenta, y lo que es peor, sin que nos hayamos parado a pensar en ello y no tengamos la más remota idea de qué está pasando. Los acontecimientos se suceden de forma vertiginosa sin darle a uno tiempo a interiorizarlos. La crisis del Yom Kipur en 1973 puso en evidencia que el petróleo marcaría el rumbo del bienestar y el malestar global, desde la globalización hasta la subida de la factura de la luz todo está relacionado en un panorama global donde la capacidad de acción de los gobiernos es cada vez más insignificante para mantener el estado de bienestar. Las fuerzas que dirigen el sistema global son etéreas, globales, ajenas a las personas y carecen de nombre, aunque todos en mayor o menor medida somos responsables de la situación actual, desde el poseedor de un millonario plan de pensiones que toma el sol en Florida hasta el padre de familia que repone combustible en la gasolinera más cercana.

La contradicción en la que vivimos y que nos hace mantenernos al margen de todo es pensar que lo que sucede no va con nosotros negando que no formamos parte del problema, que son “los otros”, aunque no queremos renunciar a nuestro modo de vida en el que, como decía Alex Rovira, acabamos comprando cosas que no necesitamos con dinero que no tenemos para sorprender a quienes no conocemos. Los que fabricaban los productos que consumíamos ahora son dueños de las marcas que buscamos. No podemos comprar pero acabamos comprando, no podemos ir pero vamos, no podemos cerrar los ojos pero los cerramos, no podemos callar pero callamos, tenemos que hacer pero no hacemos, tenemos que actuar pero no actuamos, tenemos que cambiar pero no cambiamos, no sabemos gobernar pero gobernamos. Nos justificamos todo el tiempo, la coherencia de lo que hacemos es directamente proporcional al momento que vivimos, defendemos una solvencia que hemos construido por inercia pero giramos la vista ante lo que estamos dejando atrás en un panorama sin responsables visibles, y al final, acabamos haciendo las cosas del mismo modo esperando resultados distintos. Todo es un lío y todo se vuelve contra sí mismo; en un mundo líquido no hay nada estable, ni las pensiones ni el empleo público ni la seguridad social. Mientras un día mostramos cuentas auditadas y saneadas, al día siguiente todo es deuda y mientras un día tenemos una calificación de riesgo baja, al día siguiente cerramos las puertas.

Asistimos a un escenario mundial plagado de turbulencias y grietas, donde se suceden los acontecimientos, guerras, revoluciones, masacres, crisis financieras y pérdida hegemónica. Los gobiernos nacionales han perdido capacidad de acción y los gobiernos autonómicos están en quiebra técnica, cajas de ahorros incluidas, endeudadas por sus  fáciles créditos a promotoras quebradas y constructores que no sabían leer, intentando ser controladas por brazos políticos que se tienen que asegurar la financiación de unas arcas vacías. Nos gobiernan personas que no han salido de las propias estructuras políticas en toda su carrera, aprendiendo en dos tardes o asesorando en ámbitos completamente desconocidos. No entendemos nada, el malestar crece, la ansiedad se dispara y el talento se difumina, se evapora y se aleja, lo que retroalimenta un sistema viciado y con escasas perspectivas.

 No obstante, muchos se niegan a asumir que esto no puede cambiar pero se van dando cuenta de que el precio no va a ser barato. El presidente Thomas Jefferson sostenía que en cada generación era necesaria una revolución, que teníamos que prepararnos para preservar la vitalidad de nuestra libertad derrumbando aquello instaurado en nuestras mentes que se ha quedado obsoleto.

Se trata de atreverse a empezar de cero con un papel en blanco en el cual podamos dibujar cómo resolver el malestar actual.  La era donde las ideas están por encima de las ideologías ha llegado y el primer paso consiste en ser consciente y no negar lo que sucede  para ser capaz de transformar la realidad empezando por uno mismo. Que la nueva andadura de este periódico también sirva para despertar conciencias y dibujar el futuro.

Prepararse para no estar preparado

 

Mario Alonso Puig

Mario Alonso Puig

La única certeza que tenemos cuando nacemos es que moriremos. No sabemos cuándo ni cómo, pero es un hecho que nos persigue y condiciona desde el primer día en que nacemos. Y es que no nos han enseñado a convivir con aquello que no podemos controlar.  En este sentido, uno debería acostumbrarse y prepararse para no estar preparado, porque la mayor parte de las cosas que nos suceden no las habíamos planeado así.

De otro modo, dejaríamos para otro día muchas decisiones importantes y pasos vitales como acudir a un examen, hacer un viaje, emprender, casarse o tener hijos. Nuestro miedo racional a hacer determinadas cosas y dar pasos está enfrentado con nuestro código genético, formado para tomar decisiones basadas en la intuición y con gran carga emocional. Si nuestras decisiones tuvieran que ser siempre racionales siempre creeríamos que no estamos preparados.

Durante toda nuestra vida, mientras pensamos y nos preparamos, las cosas suceden, y lo hacen porque los tiempos de los acontecimientos que nos devienen no siguen las mismas velocidades que nuestro cerebro, que siempre pensará que es más fácil que las cosas se amolden a él que él amoldarse a las cosas. Y pensar que no estamos preparados para algo tiene su origen en la falta de comprensión de determinados hechos, pues vivimos en una era dominada por la razón en la que todo lo que no se pueda racionalizar se tenderá a demonizar y por tanto a provocarnos miedo. En definitiva, cuando no entendemos algo, tendemos a rechazarlo lo que nos lleva a defendernos del miedo que nos provoca lo desconocido mediante reacciones emocionalmente negativas y perjudiciales.

Este hecho se debe a que durante años, nuestra mente ha sido entrenada en la limitación y no en la abundancia en la que hoy en día vivimos y en este sentido el juicio que nuestra mente tiende a realizar es que no vamos a ser capaces. Ante una situación de cambio me dejo atrapar por emociones negativas. Tomando las explicaciones médicas del Dr. Mario Alonso Puig, cuando tenemos una situación tensa no tenemos claridad porque nuestra zona cerebral prefrontal, encargada de las soluciones creativas y la imaginación, no tiene riego sanguíneo porque este se focaliza hacia estructuras cerebrales antiguas, de 350 millones de años, que lo que hacen es posicionarnos para sobrevivir, no para ser creativos, innovar o imaginar. Son reacciones bruscas generadas en menos de 1 segundo que nos preparan para bloquear, atacar o huir. Tenemos grabado en nuestros genes la respuesta rápida ante la amenaza. No estamos hechos para reposar las palabras y dejar que llenen nuestro pensamiento sino que estamos programados para reaccionar ante cualquier acción. ¿No es cierto que estas reacciones, tan antiguas como los tiburones, están a la orden de nuestro día a día?

Desde pequeños, aprendemos a que es importante reaccionar pero no hemos aprendido a cómo reaccionar. Cambiar este hecho nos va a llevar mucho tiempo porque el uso inconsciente de estas estructuras cerebrales ya no es útil para empezar los cambios y los retos que debemos afrontar en todos los niveles de nuestra cultura (económico, social,…).

Para propiciar un cambio creativo y una nueva realidad, debemos de estar convencidos de que somos capaces de influir en cualquier circunstancia, por compleja que esta sea y para ello, es necesario empezar a entrenarnos en hacer un mejor uso de nuestras capacidades que nos harán más lúcidos en el futuro: aprender a no juzgar, a permanecer en silencio, a escuchar, a ver las cosas desde otros puntos de vista, a hacerlas de otra forma, a no dejarnos llevar por la reacción defensiva, a ser curiosos… y en definitiva, a atreverse a pensar.

La economía de la rapidez (III)

 

Generacion nespresso

Generacion nespresso

“Ha de haber algo más en la vida que tenerlo todo” (Maurice Sendak)

Hace pocos días el gigante Google ha introducido algunas mejoras en su famoso buscador y ya se afirma que este hecho va a suponer una auténtica revolución en los motores de búsqueda en internet. La culpa de esta revolución, con el consiguiente incremento en la cotización de sus acciones, la tienen 2 o 3 segundos. Nada más y nada menos. Este es el tiempo medio que los usuarios van a poder ahorrar en cada búsqueda. Hagamos la siguiente operación: si yo soy un usuario avanzado de internet y realizo unas 25 búsquedas al día de media, esta revolución en el tiempo de búsqueda va a suponer que pueda llegar a ahorrar la cantidad de 75 segundos en búsquedas al día (de media), lo cual supone menos de 1,5 minutos ahorrados en internet.

¿Por qué nos gusta correr tanto y nos sentimos tan bien cuando obtenemos una recompensa exprés? Desde hace varios millones de años, la velocidad nos ha permitido escapar de situaciones peligrosas, amenazas como el dolor y la muerte y hasta cierto punto hoy en día nos sigue sucediendo lo mismo, y con la prisa logramos evitar (aparentemente) quedar atrapados por nuestros problemas optando por dar la espalda en lugar de mirar de frente.

El periodista David Barba prepara un ensayo  sobre lo que se viene denominando Generación Nespresso, que hace referencia, al margen del sabor, a la facilidad y rapidez de hacernos un café con nuestra magnífica cafetera nueva frente al ritual de preparar un café con la clásica cafetera que implicaba limpiar filtros, verter café molido con cuidado, enroscar con delicadeza y esperar a que la ebullición hiciera su efecto. El periodista afirma que la sociedad actual dominada por la sensación de escasez que proporciona lo inmediato, bajo la sensación de que no hay suficiente para todos llegará a su fin (por muchos factores) para dar espacio a una sociedad necesariamente mas cooperadora, solidaria, próxima, cercana y colaborativa, donde siempre habrá algo para quien lo necesite y sabrá disfrutarse mejor. 

En este sentido, hay dos nuevos movimientos “slow” de interesante estudio. El primero, más reactivo, se trata de una respuesta al “fast-fashion” o la tendencia de los gigantes como Zara o H&M a producir y comercializar la misma ropa en todo el mundo de forma instantánea y barata ya que en la pasada edición de la conocida feria de moda Magic Marketplace celebrada en Las vegas se destinó un enorme stand a este tipo de ropa adaptada a diferentes personalidades y estilos. El stand estaba lleno de surfistas, skaters o músicos. Esta línea de ropa, con la que se identifican varias marcas, se presenta a sí misma como una alternativa dirigida a chicos predispuestos a romper con lo tradicional. Y el segundo caso, mucho más cercano, lo encontramos mucho más cerca y bajo el concepto “Slow Travel”. La primera propuesta bajo este concepto es la del camping  Ribamar, en la sierra de Irta de Castellón, que en 2006 inicia un nuevo modelo de gestión bajo este lema con el objeto de crear un ambiente de naturaleza y paz caracterizado por un trato hospitalario y sincero, el aprovechamiento de recursos y construcción totalmente sostenible y respetuosa con el medio en un agradable entorno. Otras propuestas “Slow Travel” cercanas son la casa rural El Alquimista en Benidoleig, donde la complicidad, servicio, calidez y colaboración de su joven emprendedor Miguel hacen de la casa un verdadero espacio de tranquilidad o la Granja San Miguel en Salem, cerca de Gandía, donde su misma propietaria Mª Jesús establece con cada cliente o comensal de su magnífico restaurante una entrañable y humana relación cercana, tranquila, amable y guiada por la calma del fabuloso lugar, el tranquilizador sonido del estanque, la relajación de su spa o sus habitaciones con personalidad propia. Todos ellos, lugares dignos de un lento fin de semana donde aislarse de un mundo dominado por la rapidez

La economía de la rapidez (II)

Slow travel

Slow travel

Cambiamos más rápido que nunca. Según IXP Marketing Group, cerca de 21.000 nuevas marcas irrumpen en el mercado mundial cada año y muy pocas de ellas perduran más de un año. En los últimos meses hemos podido ver como el mismísimo ágora del sistema económico global (aunque ajena a la mayoría de la sociedad), la bolsa,  puede descender del cielo al infierno en una sola noche y una empresa puede perder la mayor parte de su capitalización bursátil en menos de una semana. ¿El motivo? Un simple rumor que infunda miedo en una determinada inversión puede arrollar a millones de pequeñas inversiones y miles de puestos de trabajo sin apenas tiempo para el análisis. La toma de decisiones global es generalmente ultrarrápida, intuitiva y demasiado a menudo se realizan los estudios necesarios para la toma de decisiones al mismo tiempo o incluso posteriormente a haber tomado la propia decisión.

Como hemos dicho, los criterios de fugacidad y rapidez de cambio pueden lastrar el desarrollo personal. En EEUU 1 de cada 4 trabajadores ha estado menos de 1 año trabajando en su empresa. El departamento de trabajo americano estima que el alumno de hoy habrá pasado por más de 10 puestos de trabajo a los 38 años. Los estudiantes se preparan para trabajos que todavía no existen con técnicas que quedarán obsoletas cuando estén en situación de utilizarlas una vez obtenida su titulación. Hay incluso empresas que cierran las cuentas semanalmente o incluso diariamente

La mayor consecuencia de los cambios acelerados es la incertidumbre del tiempo que está por venir que alimenta y hace crecer nuestros miedos y que se acaba traduciendo en un mayor nivel de ansiedad y stress continuado que no hace sino mermar nuestra lucidez y consciencia emocional. La presión constante a la que nos sometemos al no poder seguir un ritmo imposible nos genera frustración que nos hace entregarnos a una manera de actuar autómata, narcótica, guiada por fuerzas externas y desconocidas; acabamos actuando y consumiendo de forma mecánica sin apenas tiempo para la reflexión, sin pararnos a pensar en cuáles son nuestras verdaderas motivaciones y necesidades, sin un porqué claro o un para qué concreto que nos hace desear productos nuevos y lanzamientos renovados (aunque tengan fallos, como la nueva versión del Ipod, la 4ª) con la máxima urgencia para poder saciar el vacío que se nos crea cuando nos encontramos con nosotros mismos, sin las interferencias emocionales que nos produce la falsa satisfacción de lo material. Está claro que la mayor parte de nuestras decisiones de compra son emocionales, pero parece nos importa cada vez menos entender cuáles son esas emociones para otorgarles su merecida importancia….

Un estudio realizado en 2007 entre ciudadanos de 34 ciudades del mundo demostró que el peatón actual anda a 4,5 Km por hora, un 10% más rápido que hace 10 años. Si comparamos incluso en las series y películas de hoy en día la velocidad de pronunciación gramatical es más rápida. Sólo tenemos que ver cualquier programa de los llamados “del corazón” (quizás por la carencia  del mismo en su estilo periodístico y emocional) para darnos cuenta de que la velocidad con la que hablamos hoy en día es mayor a la de hace unas pocas décadas.

No obstante, una vez más el ser humano es capaz de desarrollar mecanismos de regulación  y lucidez como respuesta a la creciente aceleración global con iniciativas cada vez más respaldadas socialmente que propugnan justo lo contrario. Son los movimientos Slow. Y parece que funcionan. Del más reconocido y difundido ya hemos hablado con anterioridad, se trata del movimiento slowfood, creado en 1986 en Roma como protesta al fastfood y del que hay una buena representación en la comarca de la marina alta (marinaalta.slowfood.es). En la próxima entrega hablaremos algunos de estos ejemplos de movimientos lentos que nos llaman la atención como el “slow travel” o una respuesta al “fast-fashion”.