Del emprendemiento a la consolidación

Durante los últimos años hemos visto como a lo largo de toda la Comunidad Valenciana han ido emergiendo un gran número de programas e iniciativas de apoyo al emprendimiento, convirtiendo a Valencia en una destacable potencia estatal en este ámbito y logrando crear un ecosistema emprendedor que ha servido para que numerosos proyectos lograran iniciar la aventura de convertirse en empresas. Pero con el tiempo hemos visto como muchos proyectos, aun habiendo captado financiación inicial,  no han logrado consolidarse como empresas y por tanto ha llegado el momento de poner el foco en  la consolidación empresarial.

consolidacion empresarialMuchas son las causas que lastran la continuidad y consolidación de un joven empresario o emprendedor, en primer lugar está el acceso a la financiación. Aunque en España ahora  se conceden más créditos a empresas y familias, el crédito sigue siendo uno de los más caros dentro de la Eurozona, situándose 3,9 puntos porcentuales por encima de la media europea.

“UN 61% DE LOS PROYECTOS DE LAS EMPRESAS MÁS PEQUEÑAS NO LLEGA A LOS PRIMEROS 5 AÑOS DE VIDA”

Por otro lado, está el problema del tamaño. Si bien estamos creciendo en el número de empresas cotizantes (+2,99% entre 2014 y 2015), debido al reducido tamaño de la mayoría de las empresas de nueva creación, es difícil que éstas puedan incrementar sus niveles de productividad, fundamentalmente por la dificultad de añadir más capital tecnológico y humano así como generar economías de escala. Se crean empresas a un ritmo similar al de otras economías europeas, pero su tamaño empresarial hace que un porcentaje mayor cierre pronto y no logren generar empleo adicional para favorecer la evolución de la ocupación. El resultado es que un 61% de los proyectos de las empresas más pequeñas no llega a los primeros 5 años de vida.

Finalmente tenemos el problema de la formación y el valor añadido de las nuevas empresas. El aumento del peso de los empresarios autónomos durante la crisis (ya sea por convicción o por necesidad)  junto al bajo perfil formativo de muchos de estos nuevos emprendedores—solo uno de cada diez parados con estudios obligatorios realiza formación— dificulta la supervivencia de los proyectos que, en su mayoría, consisten en actividades de escaso contenido tecnológico y bajo valor añadido.

“ES NECESARIO DESDE LAS DISTINTAS INSTITUCIONES PONER EL FOCO EN LA CONSOLIDACIÓN EMPRESARIAL QUE AYUDE A CREAR UN NUEVO ENTORNO DE EMPRESAS DE LARGO RECORRIDO”

En definitiva, no es tanto una cuestión de apoyo al emprendimiento lo que dificulta la consolidación de la recuperación económica, sino más bien la falta de crecimiento y consolidación empresarial, cuestión que sin embargo no ha venido estando presente de forma prioritaria en las agendas de organizaciones e instituciones. Desde Ajev, como organización que representa a empresarios jóvenes, creemos que la consolidación debe ser ahora nuestra máxima prioridad.

Por tanto, en momentos donde parece que el ritmo de creación de empresas es positivo y las iniciativas de apoyo al emprendimiento están consolidadas, es necesario desde las distintas instituciones poner el foco en la consolidación empresarial que ayude a crear un nuevo entorno de empresas de largo recorrido, de alto valor añadido, que sean más grandes y con perfiles formativos más altos. Empresas, en definitiva, capaces de mejorar el tan ansiado nivel de productividad y de creación de empleo que necesitamos en estos momentos. Ha llegado la hora de la consolidación.

Este artículo fue publicado el 14/04/2016 en Valencia Plaza

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Los nuevos emprendedores no están dispuestos a resignarse

Pedro Reig Operación Emprende

Pedro Reig Operación Emprende

En los últimos meses he tenido la fortuna de poder relacionarme, trabajar y hablar con muchos emprendedores de diversa índole, tanto emprendedores como intraemprendedores (aquellos que luchan desde dentro, como parte del equipo de una empresa ya activa). Desde mi paso por Operación Emprende de Ajev, clientes, trabajadores y amigos varios me han hecho reflexionar sobre cómo estamos afrontando la actual parálisis desde el emprendedurismo y la acción. En todo este tiempo he podido comprobar cómo la gente no está dispuesta a resignarse y sentarse a observar simplemente si algo o alguien mejora su actual situación. Sea una reacción de obligada supervivencia o porque no hay mucha gente decidida a no dejar que las cosas simplemente pasen. Aunque cada vez son más, no son tantos como para pensar que algo gordo está sucediendo, y aunque hay mucha gente decidida a emprender proyectos por convulsión (es decir, porque no les queda otra) me atrevería a estimar que entre una tercera parte de jóvenes en situación de riesgo profesional  tienen un proyecto emprendedor en mente definido, entendiendo riesgo profesional como “no seguridad”, es decir quedarse sin trabajo, haberse quedado ya, haber acabado sus estudios, etc.

En ese proceso de cambio, la primera reacción común fue darse cuenta de lo que les sucedía (o puede suceder), asimilar la fragilidad del futuro y la inestabilidad como algo no tan pasajero, darse cuenta de que no hacer nada es peor que hacer algo, asimilar que pueden poner mucho de su parte para tratar de cambiar las cosas y a partir de ahí fortalecer la actitud hacia algo nuevo desde las ideas y la pasión.

En las conversaciones mantenidas con los emprendedores pude observar talento y ganas de trabajar. Hay ideas, hay actitud y hay sensibilidad social pero sobretodo ahora, claridad en la necesidad de vender y obtener resultados económicos para poder aguantar. Se preocupan cada vez más por formarse (de modo exigente) y tener un buen plan de empresa, un documento de análisis y reflexión estratégica previa que sirva para reducir riesgos. Tienen claro que deben compartir sus ideas con otros, pedir opiniones, escuchar, intercambiar, relacionarse y no vivir aislados, sino colaborativamente y en red para sumar talentos y generar ahorro. Son quizás más austeros y están cada vez más dispuestos al sufrimiento; siempre les digo que lo único cierto es que tarde o temprano fracasarán y parece que están dispuestos a pagar ese precio. Observo un motor generalizado de pasión entre los proyectos e ideas y una visión más allá del resultado económico. Es decir, proporcionar valor y bienestar a la sociedad en la que viven.

Pero todo esto choca en cierto modo con una realidad volátil y efímera, con sensación creciente de tener cada vez menos control, más desconfianza en nuestros representantes y más poder en manos de menos organizaciones en una creciente concentración del poder económico en todos los sectores. ¿Seremos unos ilusos o seremos capaces de conseguir algo al final del camino? No tengo ni idea, pero lo cierto es que el camino que muchos empiezan a recorrer es lo que llenará de sentido sus vidas y hará cierta la frase que dice que la felicidad es un camino y no un destino.

2013. Llegó la hora de salir a sembrar el trigo.

Para crear hay que destruir. Para obtener algo nuevo es necesario que lo viejo deje lugar. Para obtener el vino primero debe de crecer la uva, que debe ser transformada y desaparecer para dar lugar al caldo. Pero vino y uva no pueden convivir juntos, aunque el uno sea condición necesaria para el otro. Lo mismo sucede con la mariposa y el gusano, las estaciones del año,  etc. Todo lo nuevo necesita un camino libre para crecer porque cuando queremos construir nuevas estructuras sobre la base y los cimientos de las antiguas, al final todo acaba derrumbándose. En nuestra cultura cristiana y occidental existe un temor infundado a la renovación, a la destrucción creadora, a la desaparición y al más allá, nos horroriza la muerte como forma natural de dejar paso a lo nuevo y nos empeñamos en salvar todo lo que poseemos y hemos construido sin darnos cuenta que con ello imposibilitamos la oportunidad de crear una nueva realidad. Y lo peor de todo es que cuanto más nos empeñamos en salvar aquello a lo que le ha llegado su fin,  mayor es la caída y destrucción.

Y en eso estamos actualmente, en el dilema del cambio frente a la conservación, entre el miedo a perder lo poco que nos queda y el abismo de la renovación hacia un camino desconocido, entre la seguridad de conservar lo poco que tenemos y la oportunidad de crear algo totalmente nuevo, entre la cobardía de quedarnos casi como estamos y la valentía de querer cambiarlo todo. Si escuchamos a las voces dirigentes de nuestro rumbo (los mercados, el G8, etc.) no hacen más que dar vueltas sobre propuestas que poco cambian las cosas o que si las cambian servirán tan solo para empezar un nuevo ciclo que nos lleve a la misma situación actual en otros 10 o 15 años. Y porque? Pues porque se construyen sobre las mismas bases sobre las que se han creado nuestros problemas.   Es una espiral de difícil solución; Algunos (casi todos con poder y dinero) temen perder todo lo que han ganado y siguen ganando en la turbulencia mientras otros muchos (la gran mayoría) siguen abocándose en una espiral de destrucción y parálisis.

Nada volverá a ser como antes por mucho que intentemos repetir las recetas. La oportunidad que se le brinda a la sociedad, con más opciones que nunca de interconexión, es que asuma que tiene en sus manos el poder de cambiar las cosas. Basta ya de sentirnos tan minúsculos y  sobretodo basta ya de externalizar nuestro dolor, porque cuanto más tiempo pasamos culpando a los demás de lo que nos pasa más débiles y vulnerables nos sentimos. Es hora de deshacernos del pasado y la forma en que solíamos entender el mundo, las relaciones, la economía y el progreso. La nueva sociedad se basará en la cooperación y no en la competencia, en el trabajo en red por encima del éxito individual, en el emprendimiento en lugar de la subordinación y en el talento más que en el conocimiento. Solo así podremos garantizar el bienestar de nuestros hijos.  Todo ello desde una visión holística y global de los actos individuales y globales, con la consciencia de que todo deja huella.

Dejemos la resignación de las voces que nos dicen que no podemos hacer nada. Millones de pequeños aleteos de mariposa pueden producir un huracánImagen, siempre que todas asuman su pequeño rol. Seamos responsables de nuestro futuro de una vez por todas. Una nueva era puede empezar y tenemos el poder de hacerla realidad. Está claro que nos queda mucho camino por delante y que el nuevo año no va a venir con el pan bajo el brazo, así que ya va siendo hora de que salgamos a labrar la tierra y sembrar el trigo. 

Conoce a tus competidores

Presentación Operación Emprende (AJEV)No es casual encontrarse con empresarios consolidados y nuevos emprendedores que, enamorados de su producto tras muchas horas de trabajo en busca de la diferenciación, tienden a afirmar que su producto no tiene competencia (o muy poca). Bajo mi punto de vista este es uno de los primeros errores que cometen los emprendedores que quieren lanzar un producto o servicio nuevo. Suele pasar que el grado de enamoramiento con el producto es directamente proporcional a la capacidad de definir a la competencia. Y uno puede enamorarse de su trabajo, pero no es sano para tu cuenta de resultados a medio plazo jurar amor eterno a tu producto. Los productos y servicios crecen, cambian y evolucionan, pero la única certeza que tenemos es que tarde o temprano morirán.

Por tanto, el primer error que se comete al analizar la competencia es creer que se tiene menos competencia de la que realmente existe. Si nos fijamos en los líderes de mercado y pioneros podemos ver que siempre tienen competidores. Es el caso de Apple, con un sistema operativo y un diseño  únicos, pero con numerosos productos sustitutivos en el mercado, o el caso de Mercadona, líder en alimentación minorista con un concepto propio y único (Siempre Precios Bajos) pero con numerosas cadenas y distribuidores al acecho. Es incluso el caso del Circo del Sol, que aunque logró crear un verdadero océano azul en el mundo del circo y el espectáculo, el usuario siempre tendrá la opción de ir a otro espectáculo cultural, musical o de trapecistas en el cual pasar un buen rato.

Para evaluar con objetividad cómo es tu producto o servicio frente a la competencia hace falta perspectiva y neutralidad a la hora de evaluar qué están ofreciendo los demás. Para conocer mejor a nuestros competidores lo primero es definir y clasificar quienes son. Cuantos más competidores potenciales anotemos, mejor. En segundo lugar lo importante es describir la cantidad de productos y servicios que ofrecen y emparejarlos con lo que nosotros ofrecemos. Y lo más importante de este paso es saber a quién se dirigen; ¿es similar su público objetivo al muestro?, ¿Cuánto mercado potencial compartimos? A partir de aquí la pregunta que debemos hacernos es simple pero llena de sentido; ¿Porqué le eligen a él en lugar de a otros? Y poco a poco iremos profundizando en las ventajas competitivas de cada uno de nuestros competidores. Y con esa información estaremos en disposición de hacer una clasificación de nuestra competencia. Yo recomiendo dividirla entre competidores primarios (los más semejantes en cuanto a producto comercializado, valor aportado y demanda), competidores secundarios (aquellos que comparten algunas similitudes) y otros competidores (que a priori no son importantes, pero es necesario tenerlos controlados por su evolución futura).

No es necesario complicarse demasiado en variables a analizar ni en la profundidad del análisis, lo importante es intentar evaluar la competencia y a nosotros mismos con suficiente perspectiva intentando ponernos en la piel del cliente que va a comprarles. A nivel metodológico, hay técnicas que podemos aplicar para obtener información valiosa, como el Mystery Shopping donde se trata de visitar para evaluar a nuestro competidor y efectuar una compra simulada. Para ello es necesario disponer de un cuestionario previamente redactado por áreas a evaluar en el que describiremos los puntos a analizar y que nos servirá para poder comparar entre competidores y tomar conclusiones. Es una técnica muy valiosa en caso de empresas que atienden al público final (comercio minorista, servicios a particulares, etc.). Hay otras valiosas fuentes de información como la vigilancia tecnológica y el benchmarking, donde se trata de analizar las mejores prácticas sectoriales (no solo de nuestros competidores) para poder configurar soluciones propias con carácter ganador.

De todo ello y algo más estaré hablando como profesor en Operación Emprende, una brillante iniciativa de AJEV (Asociación Valenciana de Jóvenes Empresarios) para convertir ideas innovadoras en oportunidades de negocio, impulsando el emprendimiento bajo el lema “sin financiación es posible”. AJEV ha creado una Academia de Emprendedores que aúna asesoramiento, formación y acompañamiento para la formación de nuevas empresas. Para más información podéis visitar la web:                                                                                                                                    http://operacionemprende.ajevalencia.org 

Emprender para cambiar el futuro (2): Ideas locales para fomentar el emprendedurismo

joven emprendedorEn esta segunda entrega, me gustaría aportar algunas ideas para favorecer un nuevo modelo de emprendedurismo desde lo local capaz de transformar el empresariado y crear una nueva cultura empresarial  desde la cooperación y la innovación. Quisiera obviar el esbozo y la repetición de ideas sobre medidas macroeconómicas en las que están fijadas todas las atenciones de políticos, analistas y medios de comunicación y que quedan siempre más alejadas del control de los ciudadanos y pymes  y tan concentradas en un poder central menos dinámico y próximo. Aunque si me gustaría dejar una reflexión al respecto: No existen medidas consistentes para estimular la contratación en las pymes como la exención del coste social (durante periodos de al menos un año y sin condiciones) al contratar parados. Cierto es que una medida así no generaría nuevos ingresos en las arcas de la seguridad social, pero disminuiría considerablemente el nivel de gasto social de la administración (que actualmente es casi el 64% del gasto, excluida deuda pública), principal objetivo que  pretenden los presupuestos generales. Desde el punto de vista de un emprendedor, este tipo de medidas son mucho más necesarias para favorecer el emprendedurismo que subvenciones o la simplificación de trámites y tiempo para crear una nueva empresa, cuestión que es básica, pero no para estimular la creación de empresas sino simplemente para dejar de estar a la cola mundial en cuanto a dificultad burocrática para abrir un negocio.

Son sólo esbozos, algunos largamente debatidos y otros más novedosos, pero creo que son ideas necesarias y consensuadas en los debates de emprendedores en los que participo. Seguro que dejo muchas cosas en el tintero pero es simplemente una visión personal al respecto:

  • Abandonar la cultura de la subvención para dar paso a políticas de exención y de facilidad para la contratación, tan presentes en determinadas grandes corporaciones pero no visibles entre las pymes.
  • Buscar “contenedores” y “locomotoras” locales disponibles para jóvenes diseñadores, creativos y profesionales en espacios de coworking en los que surge la verdadera innovación: Antiguas fábricas, solares para mercadillos, calles para artesanos, viejos colegios, hangares en puertos, etc. El coste no es alto si se selecciona bien y se recurre a las personas indicadas para rehabilitarlo: los mismos emprendedores con ayuda de las escuelas taller podrían ser los responsables de preparar el espacio…
  • Mejorar el posicionamiento en la sociedad de la cultura emprendedora. Es imposible crear un nuevo modelo de convivencia y de riqueza sin que el emprendedurismo juegue un papel protagonista en la economía y en la sociedad. Es de cajón. Artistas, creadores, programadores, desarrolladores, consultores, comerciantes, profesionales…la mentalidad emprendedora es la que nos empuja a ir más allá y no permanecer en nuestra zona de confort. Ya seamos intraemprendedores (trabajadores que abren nuevos horizontes dentro de la empresa) como emprendedores tal y como los conocemos, esta manera de entender el mundo va a ser clave para entender las relaciones en el futuro. Es necesario el respaldo social, el protagonismo empresarial y el apoyo total y verdadero de las administraciones a la cultura emprendedora en todas sus dimensiones.
  • Revalorizar la importancia de los pequeños negocios locales y las profesiones valoradas socialmente como “segundonas”. En países del norte de Europa vemos como profesionales licenciados se sienten atraídos por emprender pequeños negocios locales mientras en nuestro país nos han educado a pensar que al acabar la carrera lo óptimo es “colocarse” en el sector público o encontrar un buen trabajo en una multinacional o gran empresa porque hay demasiados estigmas y prejuicios sociales acerca de lo que es alcanzar el éxito en nuestra sociedad. Valorar todas las profesiones en toda su dimensión y aportación y respetar la pluralidad y diversidad de ecosistemas empresariales es importante si no queremos caer en la estandarización laboral y la mega concentración empresarial.
  • Cambiar la forma de organizar las administraciones locales en torno a la creación de empresas. Áreas de las corporaciones locales como la promoción económica o el comercio no pueden tener un rango secundario. Dada su relevancia, el emprendedurismo y la dinamización empresarial deberían de tener el rango de política social. Sin ir más lejos en estos momentos estamos viviendo en primera persona que si la caja está vacía los servicios públicos no se pueden prestar, ya que se pagan con recaudación de impuestos y los impuestos se recaudan cuando hay generación de riqueza. Nada más simple. Además, hay que añadir que la inversión en áreas municipales productivas generan un retorno con efecto multiplicador, cubriendo con creces lo invertido en ellas.
  • Impulsar un cambio en la cultura de la formación empresarial (gratuita). Se ha tirado muchísimo dinero europeo en formación con resultados más que cuestionables. Es importante cambiar la forma en la que se potencia y subvenciona la formación en las organizaciones y entidades locales. Muchas veces ha primado la “mordida” que podían obtener, la cantidad de cursos a ofrecer o el amiguismo de trabajar “sólo” con academias locales o afines a la calidad y utilidad de la formación. No se trata de cantidad sino de calidad. Es necesario fijar los ojos en muchas academias de formación que han traficado o especulado mucho con bolsas de cursos de formación cuyos profesores lo mismo daban un curso de inglés o Excel que de técnicas de venta. Los emprendedores y profesionales locales se merecen más profesionales especializados y menos cursillos de bazar. Menos cursos y más formación, mejorando la selección y las motivaciones de los alumnos y también de los profesores.
  • Cambiar la forma en la que asistimos a los “congresos” y “encuentros” y crear foros locales de pensamiento en torno al cambio. La gente tiene muchas ideas que aportar en el proceso de cambio, lo que falta es movilización. Sería interesante impulsar encuentros  donde el asistente no acuda a aprender sino también a aportar ideas como moneda de cambio. En lugar de pedir dinero para inscribirse, pedir un tiempo de aportación y trabajo en grupo a cambio de recibir lo mismo de los demás. Yo lo llamo “capsulas de innovación”

Otras ideas globales:

  • Compromiso activo de las universidades con las pymes. Hasta ahora los esfuerzos se han dirigido primordialmente a acercar y abrir la universidad a la colaboración con la empresa y el reto (sobretodo en pymes) consiste en que la universidad cuente más y aprenda de las empresas. Dejar que la empresa se integren y puedan aportar más a los planes de estudios, asignaturas, trabajos y proyectos en una estructura universitaria más bien cerrada, poco flexible y excesivamente centrada en colaborar con las empresas pero con poca trayectoria en conseguir que las empresas colaboren con ellas en su tarea educativa.

En definitiva es cuestión de aplicar las 3T para fomentar el emprendedurismo local:

Trabajo, talento y equipo/red (team).

Emprender para cambiar el futuro: La tarea pendiente para un nuevo modelo productivo

ImagenHace un tiempo, principalmente desde el agravamiento de la crisis, que administración y organizaciones empresariales están inevitable aunque excesivamente centradas en resolver los problemas que deben afrontar las empresas a corto plazo (cobros pendientes, contratos, abaratamiento del despido, reducción de cuotas, etc.). En este contexto volátil y cambiante en el que impera la gestión de guerrilla y del “día a día” parecemos haber olvidado una de las tareas más importantes para poder transformar el empresariado de proximidad, aquel que conforma la mayor parte del tejido empresarial en pueblos, ciudades medias y comarcas y que conforma con el pago de sus impuestos, personal contratado y gasto endógeno el futuro de nuestras comunidades. Esta tarea pendiente de vital importancia es la del cultivo de la cultura emprendedora entre los jóvenes y la atracción y retención de talento. En este sentido, los responsables de la dinamización económica local en lugar de centrarse principalmente en facilitar el establecimiento de grandes empresas que se hagan cargo de grandes bolsas de contratación y solucionen el problema del empleo a lo “Bienvenido Mr. Marshall” con todas las cesiones locales que ello supone, y aunque esta es una tarea importante y útil, deberían estar obsesionadas en la dinamización de la economía local hacia el emprendedurismo y la creación de las condiciones necesarias para el desarrollo futuro del talento y la innovación fomentando una nueva cultura emprendedora principalmente entre los más jóvenes, que son la savia nueva necesaria para desarrollar un cambio en el modelo de pensamiento empresarial que finalmente se materializará en el necesario cambio de cultura empresarial.

Creo que un nuevo mundo sólo puede ser creado por gente nueva y creo mucho más en el poder transformador de una sociedad cuando los cambios nacen desde abajo, desde lo local hacia lo global, que en la fuerza de macro políticas diseñadas desde despachos en los centros de poder político y empresarial. Para poder transformar la cultura empresarial se debe empezar desde lo micro, impulsando cambios en cada localidad. Y para ello es imprescindible una visión a largo plazo capaz de impulsar un cambio estructural. Las asociaciones y los ayuntamientos no sólo deben promover acciones para el presente dirigidas a los que están sino también tienen la responsabilidad de para crear un caldo de cultivo capaz de crear una verdadera cultura emprendedora entre los jóvenes que pueda desarrollar el talento en el futuro, en lo que se pueden denominar “canteras de nuevo talento”. Se puede empezar simplemente por centrarse más en facilitar la inserción de jóvenes emprendedores en sectores tradicionales de tamaño pequeño y gestión más accesible como por ejemplo el comercio, el terciario avanzado (servicios a empresas con un alto componente de materia gris) acompañado de verdaderos programas formativos y de acompañamiento en las etapas iniciales (1er año).

Por otro lado creo que merecen los mismos esfuerzos y recursos una juventud formada en disposición de emprender que el dedicado a salvar a empresas ancladas en viejos paradigmas y en constante bajada de sus ventas, y este es un tema que no se está abordando institucionalmente con la suficiente diligencia. No podemos olvidar que para crear algo nuevo hay que destruir algo viejo. Todo el tiempo dedicado a esta tarea es tiempo no dedicado a ayudar y facilitar la creación de nuevas oportunidades.

Hoy es el mejor momento para cambiarlo todo

Aguila

Aguila

Cuando preguntas a una persona que está pensando en montarse algo por su cuenta cuál es el principal obstáculo que encuentra actualmente, todos suelen coincidir en la capacidad financiera y en que no es buen momento para emprender, montar o incluso hacer nada. Pues bien, quiero constatar que hoy es el mejor momento para hacer algo y creo con total convicción que ese  “momento” (en el que las cosas vayan mejor) llega cuando cada uno decida algo para que llegue. Y parece que estamos llegando al momento en que la gente se está cansando de esperar a que “esto” mejore o a que “alguien” arregle lo que “otros” han estropeado, decidiéndose a pasara a la acción.

Para no caer en la retórica de la opinión subjetiva, me gustaría aportar algunas cifras y algún ejemplo al respecto. Según el ‘Observatorio del Clima Emprendedor 2011’ elaborado por Iniciador y Sage,  el 53,7% de los emprendedores españoles considera que el momento actual es “idóneo” para montar un negocio, y no son segmentos a los que precisamente les suelan facilitar las cosas las entidades financieras porque  el 89% de las personas que apuesta por crear su propio negocio en España no supera los 40 años.

Mucha de la gente con la que me encuentro y está pensando en montarse un pequeño negocio, suele ver como principal impedimento la capacidad financiera o lo que llamo el colchón financiero. En este sentido sería importante definir que costes son realmente inevitables, es decir, qué costes estamos pensando que vamos a tener y podemos evitar, ya sean alquileres, aprovisionamientos iniciales (mobiliario, material oficina, equipos, etc.), sueldos iniciales, rentings, asesorías, etc. porque según este estudio un 38,8% dice iniciar su negocio con menos de 10.000 euros y un 31,5% con cantidades entre los 10.000 y los 50.000 euros, lo cual deja patente que una gran disposición de dinero no es el elemento que finalmente determina la decisión o no de emprender.

Creo que la clave está en determinar qué estamos dispuestos a dejar atrás, porque para hacer algo nuevo debemos abandonar algo viejo, soltar lastre y liberarnos de algo para poder renovarnos y alcanzar nuevos objetivos.

La historia de la longevidad del águila creo que ilustra muy bien el porqué es posible empezar de nuevo si somos capaces de dejar atrás el lastre que nos impide movernos con libertad. El águila es un animal que puede vivir casi 80 años pero en la mitad de su existencia si quiere seguir viva debe sufrir un proceso interno de transformación que le llevará a retirarse durante medio año a lo alto de una montaña. Allí se golpea hasta romper  su pico y cuando le vuelve a salir se quita las garras y las plumas. Entonces espera de nuevo a que salgan sus nuevas plumas. Una vez terminado el proceso el águila dispone de otros 30 años de vida. La historia del águila nos enseña que para ser capaces de crear un nuevo destino es importante someternos a un proceso de transformación que implicará abandonar y destruir algo para poder deshacernos del lastre para sentirnos más ligeros y desatados.

Elegir cuál es el lastre que nos está sometiendo es una decisión que depende de cada uno, y es fundamental atreverse a decidir cuál es esa carga, a veces son creencias, otras ataduras materiales, responsabilidades efímeras o cualquier otro paradigma mental en el que estemos ahogados.

Está todo por hacer

Está todo por hacer

Está todo por hacer

“Ningún pájaro se eleva demasiado alto, si vuela con sus propias alas”

William Blake.

Cuando era adolescente tuve un póster colgado durante años en mi habitación en la que aparecía Michael Jordan con los brazos abiertos y debajo de él se leía la citada frase de William Blake en inglés (no bird soars too high if he soars with his own wings). Algo me decía que el mensaje tenía algo muy importante dentro de sí pero tardé mucho tiempo en lograr traducirla literalmente y entender el significado: que cada persona es dueña de sus propias posibilidades y con ellas es capaz de crear su destino e ir tan lejos como se proponga.

El pasado fin de semana volví a recordar la frase del famoso escritor inglés tras leer del tirón el libro “Está todo por hacer” de Pau Garcia-Milà Pujol, cofundador de EyeOs, empresa de la que ya hemos hablado aquí, creadora del cloud computing desde Olesa, un pueblo catalán de 20.000 habitantes, por dos jóvenes de 18 años, edad que tenían cuando en 2005 lanzaron al mercado la primera versión del software libre EyeOs  y que hoy está presente en 55 países y es la primera alternativa de Cloud Computing frente a las grandes empresas.

Una cuestión importante que expone Pau es que da igual cómo y cuándo empieces a desarrollar tu idea, lo importante es hacerlo. No importa si puedes o estás preparado para ello, si vives en un sitio o en otro, si has ido a tal o cual universidad porque lo que importa es la mentalidad y la capacidad de esfuerzo para atreverse a recorrer el camino; el sentirse capaz de hacerlo es más importante que el ser capaz de hacerlo. Y lo bueno es que todo el mundo tiene o ha tenido ideas y que todo el mundo tiene la opción de sentirse capaz de llevarlas a cabo, lo que nos pasa es que con frecuencia somos nosotros mismos nuestra peor censura.

Vivimos en un país donde lo frecuente es oír que “inventen los otros” y donde la formación va más encaminada a estar del lado de la demanda en el mercado laboral que del lado de los que ofrecen nuevos caminos para que puedan ser recorridos y ocupados por los demás. Estamos inmersos en una sociedad que no se caracteriza precisamente por valorar la innovación y alentar a los emprendedores y que parece haber olvidado que el nivel de bienestar y derechos que hemos alcanzado son una conquista obtenida con esfuerzo y creatividad y debe ser respetada porque no viene de serie.

Pero el hecho de no vivir en un entorno propicio al cambio y la innovación, da cierta ventaja al que decide actuar y hacer, el hecho que no tengamos una economía especialmente competitiva e innovadora facilita las cosas a los que si son creativos e innovadores. El inconveniente con el que nos encontramos actualmente es que no disponemos de muchos precedentes y “autoridades de referencia” que nos sirvan de aliento, fuerza e inspiración como Pau Garcia-Milà o Amancio Ortega, que constatan que los sueños no solo se hacen realidad en Silicon Valley (tecnología) y Milán (moda), aunque lo cierto es que si uno nace y crece a las faldas de Silicon Valley en San Francisco, tiene más posibilidades de creer en el futuro de sus ideas por el simple hecho de ver diariamente como se crea el futuro justo al lado de su casa. Quizás nos falte creer un poco más en el potencial de las personas que nos rodean.

Por tanto, es hora de dejar las excusas de una vez, dejar de pensar que está todo hecho o inventado y que cualquier tiempo pasado fue mejor. Es hora de pasar a la acción porque en realidad, a las puertas de un nuevo mundo, está todo por hacer.

Gestionar el fracaso y la consciencia emprendedora

Fracaso“He fallado más de 9.000 tiros en mi carrera. He perdido casi trescientos partidos…He fallado una y otra vez en mi vida y eso es exactamente lo que ha fundamentado mi éxito” Michael Jordan.

Nos han educado para el éxito. Desde pequeños nos han intentado enseñar el camino ganador, hemos visto como la sociedad admira a los triunfadores y evita a los que fracasan. Nos afligimos con facilidad si no podemos controlar el entorno. Las cosas no son perfectas y nos afligimos por ello. Desde nuestra infancia, la influencia del entorno y del consumo nos motiva a triunfar en la vida de un modo material sin prestar atención a la gestión del fracaso, a  cómo afrontar la adversidad y crecer en la imperfección. No sabemos gestionar el fracaso para fortalecernos en el camino que debemos recorrer, nos cuesta asumir que  sin riesgo no hay creación y asociamos inconscientemente riesgo a fracaso y fracaso a parálisis. Mientras en España llamamos empresas de Capital Riesgo a las empresas que invierten en sectores emergentes y productos innovadores, en EE.UU. se las conoce como “capital aventura” (venture capital), poniendo de manifiesto una laguna de base cultural que sufrimos en nuestra sociedad; el miedo al fracaso.

Si bien sabemos que en momentos de crisis se montan más empresas por necesidad, no hace falta recurrir a estudios para darse cuenta de que la actividad emprendedora retrocede. Según el último informe del observatorio GEM (Global Enterpreneurship Monitor), una plataforma internacional de investigación impulsada por instituciones académicas (el Instituto de Empresa en el caso de España) que estudia el fenómeno de creación de empresas a nivel internacional, la tasa emprendedora de 2009 fue un 33% menor que la de 2007. Y lo malo del dato es que este descenso se fundamenta principalmente en el miedo al fracaso. Por el contrario, se mantiene la proporción de nuevas empresas de corte innovador (20% del total) y crecen las nuevas empresas que invierten en tecnología (del 9% al 14%) aunque el capital inicial invertido desciende desde 50.000 € hasta 30.000 €. Si innovar es arriesgarse, parece que los que se arriesgan encuentran caminos y mantienen su posición. Asimismo, la capacidad de adaptación y la imaginación se hacen patentes pues somos capaces de invertir en nuevas tecnologías y obtener resultados similares con menos recursos.

Se trata pues de una cuestión de confianza ante los retos y el riesgo de los mismos. Por ello, nos enfrentamos ante el desafío de educar la consciencia emprendedora en nuestra sociedad a todos los niveles, esto es, ser capaces de fomentar desde jóvenes una actitud constructiva y creadora ante los acontecimientos del entorno, fomentar la creatividad como modo proactivo de resolver problemas, el optimismo y la solidaridad como modo de enfocar los retos y enseñar a valorar los fracasos como impulsos de experiencia, como nuevos trampolines a paradigmas diferentes. Cada vez somos más lo que creemos que es hora de actuar, abandonando la actitud reactiva y pasando a la acción,  huir del Estado como solucionador de problemas, así que no podemos quedarnos parados conformándonos con lo que nos encontramos delante de nuestras narices o recibimos a final de mes. Educar la consciencia emprendedora es fundamental no como sinónimo de éxito económico en la empresa sino como medio para motivar el atrevimiento y el sentido del riesgo, desplazando el foco de atención desde el miedo al fracaso a la ilusión de una nueva realidad posible, construida piedra sobre piedra con el esfuerzo desde abajo hacia arriba. 

Porque si prestamos atención a la cita de Michael Jordan de la cabecera, nos damos cuenta de que la capacidad de creación se alimenta del fracaso, la adversidad nos hace ponernos a prueba para poder superarnos a nosotros mismos, forzándonos a abandonar el statu quo en el que tan inconscientemente bien nos funcionan las cosas. El reto  del cambio es ser capaz de dar un salto de consciencia, actitud y responsabilidad. No podemos esperar a que las cosas sucedan por inercia o casualidad, es momento de afrontar los problemas de frente.

Me despido con una pregunta; ¿Qué te hace vibrar interiormente y cuáles son tus limitaciones para ir en su búsqueda?

¿Quién quiere ser empresario?: Emprender en tiempos de crisis (II)

Gina GourmetEn estos momentos de incertidumbre que vivimos, resulta que ha aumentado el motivo de crear una empresa “por necesidad” de un 20% hasta una tercera parte de las empresas creadas. La gente monta más empresas por necesidad. El dato es preocupante de cara al futuro, ya que cuando se cambia por necesidad y no se cambia por convicción, la perdurabilidad futura y la capacidad de convertirse en una empresa sensual, capaz de seducir a empleados y clientes, se hipoteca en función del éxito en el corto plazo.

Resulta obvio pensar que no todas las nuevas empresas que se creen deberán dirigirse a los sectores de las energías renovables, la biotecnología y las tecnologías de la información y comunicación (Tic´s). Probablemente serán los sectores cuyo peso en la economía aumente más y cuyas rentabilidades más crezcan. Si, quizás sean los pasteles que más suban y estén listos para ser copados por los más rápidos, pero no podemos dejar de lado la base de la economía y otros sectores tradicionales que sostienen el empleo y la riqueza de muchos territorios. La clave que me gustaría plantear es que no se trata sólo de acudir a los nuevos sectores, sino en replantear arquetipos y maneras de hacer en los oficios más tradicionales y sectores propios y de gran potencial en nuestra zona geográfica. No podemos huir de sectores más clásicos y darlos por perdidos cuando quizás no hayamos pasado del 2º tema. Qué  vamos a hacer con el sector de la 3ª edad (¿porqué no adaptar la legislación, aunar voluntades y convertirnos en el verdadero geriátrico del norte de europa?), el diseño (no  como un subsector al servicio de otros, sino como sector propio), el comercio minorista (con las posibilidades que presenta la gerencia de centros urbanos y el reencuentro entre actividad económica, ciudad y ciudadanía) o el turismo (hay vida más allá del sol y playa, y lo sabemos).

Pero, ¿cómo se le da la vuelta a los estructura de viejos sectores para reinventarlos?

Si coges por ejemplo el concepto de la comida para llevar, lo pasas por una mente creativa y aderezas con una buena propuesta de valor concreta y diseño innovador en el espacio de venta obtienes Gina Gourmet. La “tienda” de comida rápida italiana hecha al momento nace de una aventura de un joven creativo publicitario convertido en emprendedor gastronómico que coge el concepto de “take-away”, añade calidad, simplicidad, servicios, propuesta de valor, diseño y sonrisas. En el pequeño y acogedor local de Gina Gourmet jamás encontrarás paella. Ni tampoco vitrinas para ver el producto cocinado listo para recalentar. Por el contrario, disponen de un mostrador de madera, unos sofás con vistas a la calle, revistas de cocina italiana y actualidad, aparcaperros en  el exterior, cargador de i-phone o  i-pod para tu espera de 10 minutos máximo, tiempo medio de espera que te comunican, contando los 7 sagrados minutos de cocción de tu pasta y calentar la salsa, todas tradicionales italianas propias de su abuela. Durante la espera puedes ojear algún libro de recetas o tomarte un café nespresso en un entorno relajado y acogedor, sin gorros ni delantales blancos. Sus precios van de 2,95 a 5,95 euros. Así de simple. Sus envases de calidad te sirven para calentar correctamente la comida de nuevo en el microondas o volverlo a utilizar en casa. Algo sostenible y ecológico. Un ejemplo de porqué no hay que dejar de fijarse y apoyar ideas inicialmente tradicionales pero que con procesos de reciclaje conceptual pueden abrir nuevos mercados y seguir realizando la función clave del abastecimiento de  proximidad.