El tiempo muerto en la tienda: clave para el éxito del retail

En una tienda, queramos o no, hay muchos momentos en los que no entran clientes y por tanto se genera un espacio de tiempo que hay que llenar. Muchos empleados, incluso comerciantes y dueños de comercios, emplean mal lo que podríamos denominar “tiempo muerto”.  Dedicamos mucho tiempo a dilucidar como organizar una tienda, como recibir al cliente, como atender bien, como comprar, como organizar el stock, como promocionar y dinamizar el punto de venta, es decir, dedicamos tiempo a estar preparados para seducir y vender pero la realidad es que una vez todo parece estar listo, los clientes no entran uno detrás de otro y se generan espacios que suman mucho tiempo (si lo sumamos en conjunto) en el que se decide gran parte de nuestra suerte como comerciantes, mucho más de lo que creemos. En general se habla poco de este tiempo que queda disponible entre cliente y cliente, en el que seguro hay muchas cosas que hacer (o inventar) pero que en la mayor parte de los casos no se emplea bien.

Trabajos aburridos – I –
Blog El País

Si algo he podido comprobar en 10 años conociendo comerciantes y tiendas gracias al trabajo en Coto Consulting es que a las pymes comerciales con éxito ese tiempo les preocupa, y mucho, pero sobretodo saber cómo emplearlo bien. Al final del día son muchas horas (de las 8 horas de media que una tienda permanece abierta) las que debemos decidir si ordenar una estantería, repasar pedidos, hacer cartelería, anotar incidencias/sugerencias de clientes, entrar en Facebook o sencillamente dejarlo pasar de algún modo no productivo, irnos a la calle a fumar, tomar un café o hablar con el vecino de lo mal que van las cosas.

¿Qué podemos hacer para asegurarnos de aprovechar ese valioso tiempo? En primer lugar determinar tareas a realizar para cuando estamos sin clientes, por ejemplo: 1º Repasar y ordenar estanterías, 2º.-Anotar incidencias/sugerencias de la última visita,…y así sucesivamente hasta llegar a 3-4 tareas que pueden ser interrumpidas por la llegada de un nuevo cliente que mira tú por donde nos pilla activos y trabajando y no mirando a las musarañas o fuera de la tienda. Y paralelamente a esto, fijar una serie de objetivos semanales, traducidos en tareas, a cumplir en el “tiempo muerto” dividiendo por cada empleado o si no hay empleados exigiéndoselo a uno mismo. Se trata de tareas básicas que todos los comercios tienen que hacer (pedidos, devoluciones, etc.) pero lo importante aquí para que uno no se acomode y esté siempre activo y alerta es que anote otras tareas de “valor añadido” que deberá cumplir, tales como cambiar algún elemento del escaparate, diseñar nuevas etiquetas de precio, crear alguna promoción, gestionar alguna red social (de modo controlado y con límite de tiempo y entradas) o indagar en alguna nueva (como Foursquare o Pinterest), implantar un sistema sencillo que permita analizar o sacar informes de ventas/márgenes/rotación por secciones/categorías reales (y no tanto por innumerables familias), indagar en los múltiples estudios de tendencias del consumidor (muchos de ellos los proporcionamos en nuestro Boletín de Comercio de suscripción gratuita) buscar algún proveedor nuevo para alguna sección que debamos reforzar, ver que proveedores debemos abandonar para dar cabida a otros nuevos, implantar un sistema de gestión de la calidad, etc.

En definitiva un sinfín de cosas prescindibles pero capaces de marcar la diferencia a largo plazo, que se pueden ir haciendo poco a poco y que nos posibilitan mejorar nuestra profesionalización, productividad y competitividad para estar constantemente dando pequeños pasitos adelante sin prisa pero sin pausa, para no caer en la desesperante situación de vernos un buen día que hay demasiado que hacer y poca motivación para ello, porque la montaña es demasiado alta para subirla y no estamos entrenados para ello.

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Los nuevos emprendedores no están dispuestos a resignarse

Pedro Reig Operación Emprende

Pedro Reig Operación Emprende

En los últimos meses he tenido la fortuna de poder relacionarme, trabajar y hablar con muchos emprendedores de diversa índole, tanto emprendedores como intraemprendedores (aquellos que luchan desde dentro, como parte del equipo de una empresa ya activa). Desde mi paso por Operación Emprende de Ajev, clientes, trabajadores y amigos varios me han hecho reflexionar sobre cómo estamos afrontando la actual parálisis desde el emprendedurismo y la acción. En todo este tiempo he podido comprobar cómo la gente no está dispuesta a resignarse y sentarse a observar simplemente si algo o alguien mejora su actual situación. Sea una reacción de obligada supervivencia o porque no hay mucha gente decidida a no dejar que las cosas simplemente pasen. Aunque cada vez son más, no son tantos como para pensar que algo gordo está sucediendo, y aunque hay mucha gente decidida a emprender proyectos por convulsión (es decir, porque no les queda otra) me atrevería a estimar que entre una tercera parte de jóvenes en situación de riesgo profesional  tienen un proyecto emprendedor en mente definido, entendiendo riesgo profesional como “no seguridad”, es decir quedarse sin trabajo, haberse quedado ya, haber acabado sus estudios, etc.

En ese proceso de cambio, la primera reacción común fue darse cuenta de lo que les sucedía (o puede suceder), asimilar la fragilidad del futuro y la inestabilidad como algo no tan pasajero, darse cuenta de que no hacer nada es peor que hacer algo, asimilar que pueden poner mucho de su parte para tratar de cambiar las cosas y a partir de ahí fortalecer la actitud hacia algo nuevo desde las ideas y la pasión.

En las conversaciones mantenidas con los emprendedores pude observar talento y ganas de trabajar. Hay ideas, hay actitud y hay sensibilidad social pero sobretodo ahora, claridad en la necesidad de vender y obtener resultados económicos para poder aguantar. Se preocupan cada vez más por formarse (de modo exigente) y tener un buen plan de empresa, un documento de análisis y reflexión estratégica previa que sirva para reducir riesgos. Tienen claro que deben compartir sus ideas con otros, pedir opiniones, escuchar, intercambiar, relacionarse y no vivir aislados, sino colaborativamente y en red para sumar talentos y generar ahorro. Son quizás más austeros y están cada vez más dispuestos al sufrimiento; siempre les digo que lo único cierto es que tarde o temprano fracasarán y parece que están dispuestos a pagar ese precio. Observo un motor generalizado de pasión entre los proyectos e ideas y una visión más allá del resultado económico. Es decir, proporcionar valor y bienestar a la sociedad en la que viven.

Pero todo esto choca en cierto modo con una realidad volátil y efímera, con sensación creciente de tener cada vez menos control, más desconfianza en nuestros representantes y más poder en manos de menos organizaciones en una creciente concentración del poder económico en todos los sectores. ¿Seremos unos ilusos o seremos capaces de conseguir algo al final del camino? No tengo ni idea, pero lo cierto es que el camino que muchos empiezan a recorrer es lo que llenará de sentido sus vidas y hará cierta la frase que dice que la felicidad es un camino y no un destino.

Conferencia: Retail Revolution: Un nuevo escenario para el comercio minorista

Fundesem Business School

Conferencia: Retail Revolution: Un nuevo escenario para el comercio minorista

Lunes, 28 de enero, a las 19:00 h., en la Universidad CEU Cardenal Herrera de Valencia

Confirmar mi asistenciaFundesem Business School en colaboración con la Universidad CEU Cardenal Herrera, Club Marketing Valencia y COVACO, te invitan a la Conferencia “RETAIL REVOLUTION: UN NUEVO ESCENARIO PARA EL COMERCIO MINORISTA“, que se celebrará el lunes, 28 de enero, a las 19:00 horas, en la Universidad CEU Cardenal Herrea de Valencia (Escuela de Negocios CEU, Palacio de Colomina. C/ Almudín 1.)

La conferencia correrá a cargo de Pedro Reig, Socio Director de Coto Consulting, donde dirige equipos para desarrollar estudios sobre comportamiento del consumidor y nuevas ideas para el sector Retail. Asimismo es Director de Asucova, la asociación de supermercados de la Comunidad Valenciana que representa a empresas como Mercadona, Consum, MasyMas ó Musgrave. Conferenciante y profesor especializado en Retail Marketing y creatividad. Es profesor del diploma de Gestión y Marketing de Centros Urbanos organizado por la Universidad de Valencia y el Consejo de Cámaras de Comercio de la Comunidad Valenciana así como miembro del comité científico del Centro de Retail Management de EADA y profesor del master en Retail Management en Fundesem Business School.

 

ESCUELA DE NEGOCIOS CEU DE VALENCIA

Palacio de Colomina.
C/Almudín, 1.

46003 Valencia.

2013 © Fundesem Business School

2013. Llegó la hora de salir a sembrar el trigo.

Para crear hay que destruir. Para obtener algo nuevo es necesario que lo viejo deje lugar. Para obtener el vino primero debe de crecer la uva, que debe ser transformada y desaparecer para dar lugar al caldo. Pero vino y uva no pueden convivir juntos, aunque el uno sea condición necesaria para el otro. Lo mismo sucede con la mariposa y el gusano, las estaciones del año,  etc. Todo lo nuevo necesita un camino libre para crecer porque cuando queremos construir nuevas estructuras sobre la base y los cimientos de las antiguas, al final todo acaba derrumbándose. En nuestra cultura cristiana y occidental existe un temor infundado a la renovación, a la destrucción creadora, a la desaparición y al más allá, nos horroriza la muerte como forma natural de dejar paso a lo nuevo y nos empeñamos en salvar todo lo que poseemos y hemos construido sin darnos cuenta que con ello imposibilitamos la oportunidad de crear una nueva realidad. Y lo peor de todo es que cuanto más nos empeñamos en salvar aquello a lo que le ha llegado su fin,  mayor es la caída y destrucción.

Y en eso estamos actualmente, en el dilema del cambio frente a la conservación, entre el miedo a perder lo poco que nos queda y el abismo de la renovación hacia un camino desconocido, entre la seguridad de conservar lo poco que tenemos y la oportunidad de crear algo totalmente nuevo, entre la cobardía de quedarnos casi como estamos y la valentía de querer cambiarlo todo. Si escuchamos a las voces dirigentes de nuestro rumbo (los mercados, el G8, etc.) no hacen más que dar vueltas sobre propuestas que poco cambian las cosas o que si las cambian servirán tan solo para empezar un nuevo ciclo que nos lleve a la misma situación actual en otros 10 o 15 años. Y porque? Pues porque se construyen sobre las mismas bases sobre las que se han creado nuestros problemas.   Es una espiral de difícil solución; Algunos (casi todos con poder y dinero) temen perder todo lo que han ganado y siguen ganando en la turbulencia mientras otros muchos (la gran mayoría) siguen abocándose en una espiral de destrucción y parálisis.

Nada volverá a ser como antes por mucho que intentemos repetir las recetas. La oportunidad que se le brinda a la sociedad, con más opciones que nunca de interconexión, es que asuma que tiene en sus manos el poder de cambiar las cosas. Basta ya de sentirnos tan minúsculos y  sobretodo basta ya de externalizar nuestro dolor, porque cuanto más tiempo pasamos culpando a los demás de lo que nos pasa más débiles y vulnerables nos sentimos. Es hora de deshacernos del pasado y la forma en que solíamos entender el mundo, las relaciones, la economía y el progreso. La nueva sociedad se basará en la cooperación y no en la competencia, en el trabajo en red por encima del éxito individual, en el emprendimiento en lugar de la subordinación y en el talento más que en el conocimiento. Solo así podremos garantizar el bienestar de nuestros hijos.  Todo ello desde una visión holística y global de los actos individuales y globales, con la consciencia de que todo deja huella.

Dejemos la resignación de las voces que nos dicen que no podemos hacer nada. Millones de pequeños aleteos de mariposa pueden producir un huracánImagen, siempre que todas asuman su pequeño rol. Seamos responsables de nuestro futuro de una vez por todas. Una nueva era puede empezar y tenemos el poder de hacerla realidad. Está claro que nos queda mucho camino por delante y que el nuevo año no va a venir con el pan bajo el brazo, así que ya va siendo hora de que salgamos a labrar la tierra y sembrar el trigo. 

Desequilibrio emocional en las empresas: la montaña rusa en la que vivimos

Vivimos tiempos desproporcionados en los desequilibrios se han asentado en nuestro día a día. La economía financiera hace tiempo superó a la “economía real”, esa que podemos ver y tocar en nuestros barrios y polígonos industriales. Vivimos en un entorno volátil e impredecible, donde el ciudadano, el trabajador y el emprendedor se sienten cada vez más dependientes de fuerzas externas no controlables que no hacen sino acrecentar un miedo que nos va paralizando. Este sentimiento de impotencia y descontrol es comparable a estar viviendo en una gran montaña rusa comprada en un bazar de todo a 1 €, donde nos tambaleamos a cada curva, subimos y bajamos rápidamente, desequilibrados y sin control de cabina.

De poco sirve aplicar las recetas de austeridad, control presupuestario y reformas que piden los mismos que luego nos castigan en una sinrazón incomprensible para la gente de a pie, que primero le hacen creer que cualquier tipo de rescate acaba hundiendo al país (caso Grecia) y luego ve como la prima de riesgo cae considerablemente por un simple anuncio de posible rescate. En este entorno confuso, los ciudadanos nos encontramos con dirigentes que parecen funcionar con “mando a distancia”. Y al final, basta una reflexión del presidente del Banco Central Europeo, una simple afirmación capaz de generar confianza en los mercados para calmar las cosas, sin necesidad de previo anuncio de reforma, cambio o evolución real en la economía. Lo material está perdiendo fuerza frente a lo volátil y efímero. Por primera vez, el humo se empieza a producir sin necesidad de quemar madera.

A este contexto se le suma el desequilibrio emocional en el que están inmersas miles de pequeñas y medianas empresas, dominado por ese vaivén desequilibrado de noticias y de resultados dispares e incomprensibles que hacen perder la sensación de control sobre lo que uno hace y cree poder hacer. El propio concepto de confianza se ha vuelto volátil, efímero y en definitiva se ha convertido en una víctima a la merced del miedo del ser humano.

Y en el trasfondo de todo parece que es el miedo quien se está apoderando del rumbo de nuestro destino como estado y como comunidad. Creo que la naturaleza de este efecto montaña rusa tiene su origen en el propio concepto de miedo creado en el inconsciente del ser humano, donde verdaderamente tomamos las decisiones.  La sensación de inseguridad y volatilidad abre la puerta para que el miedo gane terreno en nuestro inconsciente, limitándonos y acorralándonos y haciendo aflorar nuestra parte agresiva, oscura e intolerante que intenta protegernos de algo que desconocemos y que para nada nos sirve si tenemos claro que nuestra supervivencia futura pasa por un mayor entendimiento, unión y gestión conjunta de todo el planeta. A pesar de que nuestra supervivencia no corre ningún peligro, vivimos tiempos desconcertantes dominados por la desconfianza y un miedo paralizante y limitador. Esta forma de miedo colectivo nace del peligro de lo desconocido, de la inseguridad del presente y de la sensación de falta de control de nuestras vidas. Sólo desde la aceptación, la confianza y la compasión puede surgir una nueva forma de entender lo que sucede y reaccionar con sabiduría.  No podemos esperar que otros lo hagan por nosotros, necesitamos generar un nuevo caudal de confianza para girar los rostros y empezar a mirar hacia la luz si queremos ser capaces de crear un destino diferente al que nos está abocando esta sensación impotencia y esta inmovilidad.

Aprovechar lo inesperado, la fuerza de la serendipia

Post-it

Post-it ejemplo de serendipia

Si el éxito sucede por casualidad, la casualidad se consigue con la búsqueda constante.

“El azar no favorece más que a los espíritus preparados” Louis Pasteur

 Los cambios suelen sobrevenirnos y pillarnos desprevenidos. Tanto los buenos como los malos: la muerte de un ser querido, encontrar al amor de nuestra vida o cerrar una gran venta. La vida está llena de momentos inesperados desde incluso antes del momento de nacer, camino del óvulo de nuestra madre.

¿No les sucede a veces que mientras buscan una cosa, acaban encontrando otra de igual o mayor valor (no necesariamente económico)? Se trata de la serendipia. Una serendipia es un descubrimiento o un hallazgo afortunado e inesperado. Como señala Guzmán López en su libro serendipity (alienta editorial, 2009): “serendipity es el descubrimiento de algo valioso de forma accidental”.

Cristóbal Colón murió creyendo que había llegado a la India, equivocado en su empeño de buscar una ruta más corta para llegar a Asia. La idea inicial de la aspirina era utilizarla como antiséptico interno pero no acabó funcionando del todo. Los mismísimos post-it fueron inventados por un empleado de 3M utilizando  un pegamento fallido que pretendía ser superpotente y acabó impregnando las hojas que utilizaba como marcadores de libro para que no se cayeran al suelo. Una manzana que para otros simplemente caía del árbol, sirvió para que se descubriera la fuerza de la gravedad. Una secretaria más bien torpe que tenía que reescribir constantemente los documentos en la máquina de escribir, hasta que se le ocurrió añadir pintura blanca a su esmalte de uñas para poder terminar el trabajo a tiempo. 10 años después, Bette Smith ganó su primer millón de dólares. Había inventado el Tippex. El mismísimo Dr. House resuelve sus casos de la forma más inesperada e inconexa aparentemente. La lista de serendipias es inagotable: el descubrimiento del LSD mientras se investigaba un fármaco para la migraña, la penicilina, el principio de Arquímedes (del que salió la famosa palabra Eureka!), el teflón de las sartenes o los 4.000 millones de árboles plantados accidentalmente por ardillas que olvidan donde han enterrado el fruto.

Lo verdaderamente interesante de la serendipia es la importancia de saber sacar partido del error, de obtener una oportunidad como fruto de un fracaso y de tener la capacidad de relacionar diferentes aspectos aparentemente sin relación entre si para encontrar nuevas soluciones, siendo capaz de ver el problema con cierta distancia que siempre facilita las visiones alternativas y los resultados inesperados.  De hecho el agujero del donut, el monopoly, las tiritas o la píldora anticonceptiva fueron descubiertas por personas que no trabajaban en esos campos. Ríanse de cuando le pregunten sobre su experiencia previa, porque lo verdaderamente importante para que logremos descubrir cosas valiosas de forma accidental es intentar ver el mundo de una forma nueva cada día, de seguir experimentando y cuestionarse siempre lo establecido, sacando fuerzas de los fracasos obtenido y de ser constantes en nuestro cometidos.

Creo que más  que por azar, las cosas suceden por la acumulación de búsqueda constante. Pocas cosas suceden por  azar, casualidad, suerte o destino y tenemos mucha más capacidad de moldear lo que nos sucede de la que creemos. Así que si no ha encontrado su serendipia siga buscándola, porque  si el éxito sucede por casualidad, la casualidad se consigue con la búsqueda constante.

Hoy es el mejor momento para cambiarlo todo

Aguila

Aguila

Cuando preguntas a una persona que está pensando en montarse algo por su cuenta cuál es el principal obstáculo que encuentra actualmente, todos suelen coincidir en la capacidad financiera y en que no es buen momento para emprender, montar o incluso hacer nada. Pues bien, quiero constatar que hoy es el mejor momento para hacer algo y creo con total convicción que ese  “momento” (en el que las cosas vayan mejor) llega cuando cada uno decida algo para que llegue. Y parece que estamos llegando al momento en que la gente se está cansando de esperar a que “esto” mejore o a que “alguien” arregle lo que “otros” han estropeado, decidiéndose a pasara a la acción.

Para no caer en la retórica de la opinión subjetiva, me gustaría aportar algunas cifras y algún ejemplo al respecto. Según el ‘Observatorio del Clima Emprendedor 2011’ elaborado por Iniciador y Sage,  el 53,7% de los emprendedores españoles considera que el momento actual es “idóneo” para montar un negocio, y no son segmentos a los que precisamente les suelan facilitar las cosas las entidades financieras porque  el 89% de las personas que apuesta por crear su propio negocio en España no supera los 40 años.

Mucha de la gente con la que me encuentro y está pensando en montarse un pequeño negocio, suele ver como principal impedimento la capacidad financiera o lo que llamo el colchón financiero. En este sentido sería importante definir que costes son realmente inevitables, es decir, qué costes estamos pensando que vamos a tener y podemos evitar, ya sean alquileres, aprovisionamientos iniciales (mobiliario, material oficina, equipos, etc.), sueldos iniciales, rentings, asesorías, etc. porque según este estudio un 38,8% dice iniciar su negocio con menos de 10.000 euros y un 31,5% con cantidades entre los 10.000 y los 50.000 euros, lo cual deja patente que una gran disposición de dinero no es el elemento que finalmente determina la decisión o no de emprender.

Creo que la clave está en determinar qué estamos dispuestos a dejar atrás, porque para hacer algo nuevo debemos abandonar algo viejo, soltar lastre y liberarnos de algo para poder renovarnos y alcanzar nuevos objetivos.

La historia de la longevidad del águila creo que ilustra muy bien el porqué es posible empezar de nuevo si somos capaces de dejar atrás el lastre que nos impide movernos con libertad. El águila es un animal que puede vivir casi 80 años pero en la mitad de su existencia si quiere seguir viva debe sufrir un proceso interno de transformación que le llevará a retirarse durante medio año a lo alto de una montaña. Allí se golpea hasta romper  su pico y cuando le vuelve a salir se quita las garras y las plumas. Entonces espera de nuevo a que salgan sus nuevas plumas. Una vez terminado el proceso el águila dispone de otros 30 años de vida. La historia del águila nos enseña que para ser capaces de crear un nuevo destino es importante someternos a un proceso de transformación que implicará abandonar y destruir algo para poder deshacernos del lastre para sentirnos más ligeros y desatados.

Elegir cuál es el lastre que nos está sometiendo es una decisión que depende de cada uno, y es fundamental atreverse a decidir cuál es esa carga, a veces son creencias, otras ataduras materiales, responsabilidades efímeras o cualquier otro paradigma mental en el que estemos ahogados.

Oportunidades en tiempos de crisis (II)

What can I make for you

What can I make for you

Y como siempre hay un roto para un descosido, la web www.whatcanimakeforyou.com pone en contacto a “customizadores” con clientes que quieren algún producto particular, desde una vela con olor a canela, una camiseta arty con tu grupo favorito o una estantería de cd´s para una habitación. Al entrar en la web, sólo escribes que deseas, cuál es tu presupuesto y tu e-mail. Los consumidores hacen sus peticiones a través de la web que actúa como intermediario entre el productor y el consumidor, gestionando el cobro con tarjeta de crédito o paypal. What Can I Make for You añade cientos de productores a su base de datos cada mes. Una forma original, democrática, sincera y participativa de poner en contacto proveedores y compradores.

Incluso algunas empresas están empezando a cooperar más con los ciudadanos en sus estrategias. La empresa de envíos DHL está probando en Alemania un sistema para que sean los propios usuarios urbanos los que transporten los productos, desde un punto de recogida DHL hasta el destinatario final, que vengan de paso en su camino habitual de casa al trabajo o lugares que más frecuenten. La recompensa que reciben a cambio son puntos intercambiables por billetes de tren o cupones descuento  o créditos de Co2. Una idea innovadora con un gran significado que nos dice que colaborando podemos beneficiarnos nosotros y beneficiar a nuestro entorno por igual. La oportunidad de colaborar está en auge y se comprueba en las agrupaciones de consumidores para compras conjuntas y generar opinión e información, las opciones de compartir nuevos emprendimientos o la tendencia laboral del coworking, que fomenta la colaboración creativa y genera sinergias ahorrando costes en una especie de aprovechamiento mutuo.

Y más allá del ámbito privado, nos encontramos con el reto de recuperar el protagonismo del espacio público: La pérdida de poder de empresas promotoras sobre el suelo y la necesidad de revalorizar la propiedad pública dan lugar a la oportunidad de recuperar el espacio público y urbano con iniciativas atrevidas (aunque de riesgo bajo y escasa inversión) como reconvertir solares municipales en espacios verdes mantenidos por los propios vecinos, logrando un verdadero proceso de participación ciudadana, o como reutilizar más edificios industriales y locales municipales que puedan ser gestionados por emprendedores locales o impulsar y ampliar las posibilidades de los mercados municipales  como locomotoras de los centros urbanos facilitando su autogestion. Se trata de saltar de paradigma e idear nuevas opciones de dinamizar la sociedad y economía local reduciendo costes.

Las oportunidades y los grandes cambios surgen en los momentos menos esperados, donde la materia más valiosa es la gris y hay menos actividad inversora. Es lo que hizo Apple lanzando el iPod en 2001, al poco de estallar la burbuja de las puntocom o el gigante Kellog´s en  plena Gran depresión, optando por duplicar su presupuesto y lanzar una nueva gama de productos: Los Rice Krispies, los famosos y entrañables cereales del desayuno de generaciones de niños en todo el mundo.

Así pues, el momento de cambio que vivimos no sólo está pidiendo mayor capacidad de atrevimiento para generar oportunidades, sino que para generar oportunidades también hay necesidad de un mejor trabajo en equipo, de un mejor entendimiento entre las personas, de mejores relaciones personales, más estables y sobretodo fundamentadas en pilares más sólidos que el dinero: las ideas.

Prepararse para no estar preparado

 

Mario Alonso Puig

Mario Alonso Puig

La única certeza que tenemos cuando nacemos es que moriremos. No sabemos cuándo ni cómo, pero es un hecho que nos persigue y condiciona desde el primer día en que nacemos. Y es que no nos han enseñado a convivir con aquello que no podemos controlar.  En este sentido, uno debería acostumbrarse y prepararse para no estar preparado, porque la mayor parte de las cosas que nos suceden no las habíamos planeado así.

De otro modo, dejaríamos para otro día muchas decisiones importantes y pasos vitales como acudir a un examen, hacer un viaje, emprender, casarse o tener hijos. Nuestro miedo racional a hacer determinadas cosas y dar pasos está enfrentado con nuestro código genético, formado para tomar decisiones basadas en la intuición y con gran carga emocional. Si nuestras decisiones tuvieran que ser siempre racionales siempre creeríamos que no estamos preparados.

Durante toda nuestra vida, mientras pensamos y nos preparamos, las cosas suceden, y lo hacen porque los tiempos de los acontecimientos que nos devienen no siguen las mismas velocidades que nuestro cerebro, que siempre pensará que es más fácil que las cosas se amolden a él que él amoldarse a las cosas. Y pensar que no estamos preparados para algo tiene su origen en la falta de comprensión de determinados hechos, pues vivimos en una era dominada por la razón en la que todo lo que no se pueda racionalizar se tenderá a demonizar y por tanto a provocarnos miedo. En definitiva, cuando no entendemos algo, tendemos a rechazarlo lo que nos lleva a defendernos del miedo que nos provoca lo desconocido mediante reacciones emocionalmente negativas y perjudiciales.

Este hecho se debe a que durante años, nuestra mente ha sido entrenada en la limitación y no en la abundancia en la que hoy en día vivimos y en este sentido el juicio que nuestra mente tiende a realizar es que no vamos a ser capaces. Ante una situación de cambio me dejo atrapar por emociones negativas. Tomando las explicaciones médicas del Dr. Mario Alonso Puig, cuando tenemos una situación tensa no tenemos claridad porque nuestra zona cerebral prefrontal, encargada de las soluciones creativas y la imaginación, no tiene riego sanguíneo porque este se focaliza hacia estructuras cerebrales antiguas, de 350 millones de años, que lo que hacen es posicionarnos para sobrevivir, no para ser creativos, innovar o imaginar. Son reacciones bruscas generadas en menos de 1 segundo que nos preparan para bloquear, atacar o huir. Tenemos grabado en nuestros genes la respuesta rápida ante la amenaza. No estamos hechos para reposar las palabras y dejar que llenen nuestro pensamiento sino que estamos programados para reaccionar ante cualquier acción. ¿No es cierto que estas reacciones, tan antiguas como los tiburones, están a la orden de nuestro día a día?

Desde pequeños, aprendemos a que es importante reaccionar pero no hemos aprendido a cómo reaccionar. Cambiar este hecho nos va a llevar mucho tiempo porque el uso inconsciente de estas estructuras cerebrales ya no es útil para empezar los cambios y los retos que debemos afrontar en todos los niveles de nuestra cultura (económico, social,…).

Para propiciar un cambio creativo y una nueva realidad, debemos de estar convencidos de que somos capaces de influir en cualquier circunstancia, por compleja que esta sea y para ello, es necesario empezar a entrenarnos en hacer un mejor uso de nuestras capacidades que nos harán más lúcidos en el futuro: aprender a no juzgar, a permanecer en silencio, a escuchar, a ver las cosas desde otros puntos de vista, a hacerlas de otra forma, a no dejarnos llevar por la reacción defensiva, a ser curiosos… y en definitiva, a atreverse a pensar.

Hacerle frente al destino

En unas recientes jornadas sobre comercio celebradas en Barcelona, le preguntaban a un comerciante catalán, presidente de una importante cadena de electrodomésticos, cómo había conseguido hacer de una pequeña tienda familiar una red de más de 150 tiendas. La respuesta fue sencilla: “Como lo hice? Muy fácil. Una detrás de la otra.” Lo que quería decir es que para que estén hechas, las cosas hay que hacerlas. No hay que pensar tanto, ni analizar, ni reunirse tanto, ni debatir, reflexionar, evaluar, criticar, protestar, hay que hacer. La primera diferencia entre los que consiguen algo y los que se quedan en el camino es que mientras los otros discuten cuando empezar algo, uno ya ha empezado. Las escuelas de negocios se dedican a aprender  casos de gente que no ha ido a escuelas de negocios, porque mientras otros pensaban ellos hacían. 

Así que no pensemos tanto en actuar y actuemos. No podemos quedarnos siempre parados esperando que nos reconozcan, que nos ayuden, que nos contraten. No podemos limitarnos a visualizar, sino ejecutamos, ni podemos dedicarnos a analizar riesgos y antecedentes que no hacen sino mermar nuestra iniciativa y capacidad de lograr cosas que inicialmente parecían imposibles. De nada sirve saber cómo se corre sino echamos a correr. Y por largo que parezca el camino, cuanto antes empecemos, antes acabaremos.

Hay historias que ilustran como el ser humano es capaz de crear realidades, independientemente de las condiciones de partida, a través del esfuerzo y la perseverancia. Historias ficticias que a veces se convierten en realidad. El maravilloso cuento de Jean Giono “El hombre que plantaba árboles” que cuenta la fábula de un pastor que  convierte una árida y desolada zona de la Provenza en un bosque verde y lleno de vida, se ha convertido en realidad con la historia de Jesús León Santos, un campesino indígena mexicano que durante los últimos 25 años se ha dedicado a repoblar el paisaje del lugar donde vivía, la Mixteca Alta, en la región  de Oaxaca. Jesús se puso manos a la obra con 18 años para cambiar una zona árida y sin agua que había sufrido un fuerte deterioro a causa de la tala intensiva, la industria de producción de cal y el sobre pastoreo y que sufría un proceso de emigración de sus vecinos a otras zonas más fértiles. Con las técnicas agrícolas precolombinas aprendidas, reuniendo a 400 familias de 12 municipios y creando un centro de desarrollo agrícola con los mínimos recursos económicos impulsaron un programa de reforestación cavando zanjas, plantando barreras naturales, sembrando árboles y trayendo abono. Plantaron alrededor de 4 millones de árboles de especies nativas y se fijaron la meta de conseguir ser independientes alimentariamente. Tras 25 años de mucho esfuerzo la Mixteca Alta ha reverdecido, tiene manantiales, árboles, comida y la gente ha dejado de emigrar.  Ha recibido varios importantes premios entre ellos el Nobel de Ecología de 2008. A día de hoy, continúan plantando 200.000 árboles anuales y dando ejemplo de lo admirable que puede llegar a ser la condición humana.

Muchos piensan que hay cosas que no se pueden cambiar o que aquello que nos sucede es cuestión del destino y que casi nunca hay nada que hacer, pero lo cierto es que el destino es aquello que nos sucede si no hacemos nada para remediarlo.