Reinventarse: El fracaso como combustible del éxito

Son muchas las personas y empresas que tras experimentar derrota tras derrota y haber entregado todo su esfuerzo sienten que han fracasado y que finalmente todo lo que han hecho no ha merecido la pena perdiendo la visión, capacidad de perseverar y sentido desde las cosas.

Desde muy pequeños nos educan para triunfar en la vida pero nos olvidamos de enseñar a gestionar el fracaso. Protegemos a nuestros hijos de poder experimentar en su propia carne los efectos del fracaso, “no te subas ahí” o “deja de jugar con eso que te harás daño” y poco a poco vamos introduciendo el miedo al fracaso en nuestras vidas, el miedo a conseguir cosas y a llegar a ser quien podemos ser. Desde que aprendemos a andar, caemos una y otra vez hasta que logramos mantener el equilibrio y poner un pie delante de otro. Pero lo cierto es que llegamos a mayores con muchas frustraciones y miedos de que pasen cosas que nunca nos han pasado.

El problema del fracaso es el bloqueo que provoca y el miedo que imprime. Si esto se traduce en ansiedad empezaremos a creer que somos incapaces de conseguir cosas sin tener la evidencia de que no podemos conseguirlas y a crearnos una limitación autoimpuesta. Creo que si tuviéramos que aprender a andar de mayores, muchos de nosotros habríamos cesado momentos antes de haberlo conseguido. Cuando un niño cae y vuelve a intentarlo, lo hacen de un modo diferente hasta que lo consiguen de forma casi automática, está en nuestro ADN. Einstein decía que “Ningún problema importante puede ser resuelto desde el mismo nivel de pensamiento que lo generó”.

fracaso exito

En los últimos años siempre que he tenido la ocasión de preguntar a empresarios exitosos sobre la historia de sus empresas he insistido en la parte de los fracasos. Todos ellos han pasado por momentos críticos y han sufrido numerosos fracasos, y lo más importante es que han sabido sacar un aprendizaje del fracaso que les ha ayudado a su posterior éxito, incluso en situaciones de haber estado a punto de echar el cierre o incluso haberlo echado. El fracaso les ha puesto los pies en la tierra, hecho reflexionar y coger impulso para volver con más fuerza. Para conseguirlo es necesario hacerse preguntas, evaluarse internamente (y no tanto al entorno) y reflexionar sobre ello.

Algunas de estas reflexiones serían:

El fracaso es una constante que debemos aprender a gestionar. No fracasar implica no asumir riesgos y cuando no se asumen riesgos no queda espacio para el cambio y la mejora de los resultados.

Encontrar un sentido es mejor que tener éxito. El sociólogo Stefan Vanistendael y el psicólogo Jacques Lecomte escribirán un decálogo de recomendaciones para constituir la resiliencia (la capacidad del ser humano de hacer frente a las adversidades y salir fortalecido de ellas), y apuntaban en una de ellas que hay que diferenciar éxito de sentido. Algunas de nuestras acciones no tienen éxito, pero esto no significa que estén desprovistas de sentido. El sentido es mucho más determinante en la riqueza de la vida que el éxito.

Tomar decisiones y hacerlas buenas. Las decisiones siempre se toman sin disponer de conocimientos completos, en este sentido es más importante hacer buenas las decisiones que se han tomado que tomar buenas decisiones. Lo importante y urgente debe ser pasar a la acción, ponerse en movimiento y empezar a reinventarse, aún sin tener controlados los riesgos y sin toda la información disponible.

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El tiempo muerto en la tienda: clave para el éxito del retail

En una tienda, queramos o no, hay muchos momentos en los que no entran clientes y por tanto se genera un espacio de tiempo que hay que llenar. Muchos empleados, incluso comerciantes y dueños de comercios, emplean mal lo que podríamos denominar “tiempo muerto”.  Dedicamos mucho tiempo a dilucidar como organizar una tienda, como recibir al cliente, como atender bien, como comprar, como organizar el stock, como promocionar y dinamizar el punto de venta, es decir, dedicamos tiempo a estar preparados para seducir y vender pero la realidad es que una vez todo parece estar listo, los clientes no entran uno detrás de otro y se generan espacios que suman mucho tiempo (si lo sumamos en conjunto) en el que se decide gran parte de nuestra suerte como comerciantes, mucho más de lo que creemos. En general se habla poco de este tiempo que queda disponible entre cliente y cliente, en el que seguro hay muchas cosas que hacer (o inventar) pero que en la mayor parte de los casos no se emplea bien.

Trabajos aburridos – I –
Blog El País

Si algo he podido comprobar en 10 años conociendo comerciantes y tiendas gracias al trabajo en Coto Consulting es que a las pymes comerciales con éxito ese tiempo les preocupa, y mucho, pero sobretodo saber cómo emplearlo bien. Al final del día son muchas horas (de las 8 horas de media que una tienda permanece abierta) las que debemos decidir si ordenar una estantería, repasar pedidos, hacer cartelería, anotar incidencias/sugerencias de clientes, entrar en Facebook o sencillamente dejarlo pasar de algún modo no productivo, irnos a la calle a fumar, tomar un café o hablar con el vecino de lo mal que van las cosas.

¿Qué podemos hacer para asegurarnos de aprovechar ese valioso tiempo? En primer lugar determinar tareas a realizar para cuando estamos sin clientes, por ejemplo: 1º Repasar y ordenar estanterías, 2º.-Anotar incidencias/sugerencias de la última visita,…y así sucesivamente hasta llegar a 3-4 tareas que pueden ser interrumpidas por la llegada de un nuevo cliente que mira tú por donde nos pilla activos y trabajando y no mirando a las musarañas o fuera de la tienda. Y paralelamente a esto, fijar una serie de objetivos semanales, traducidos en tareas, a cumplir en el “tiempo muerto” dividiendo por cada empleado o si no hay empleados exigiéndoselo a uno mismo. Se trata de tareas básicas que todos los comercios tienen que hacer (pedidos, devoluciones, etc.) pero lo importante aquí para que uno no se acomode y esté siempre activo y alerta es que anote otras tareas de “valor añadido” que deberá cumplir, tales como cambiar algún elemento del escaparate, diseñar nuevas etiquetas de precio, crear alguna promoción, gestionar alguna red social (de modo controlado y con límite de tiempo y entradas) o indagar en alguna nueva (como Foursquare o Pinterest), implantar un sistema sencillo que permita analizar o sacar informes de ventas/márgenes/rotación por secciones/categorías reales (y no tanto por innumerables familias), indagar en los múltiples estudios de tendencias del consumidor (muchos de ellos los proporcionamos en nuestro Boletín de Comercio de suscripción gratuita) buscar algún proveedor nuevo para alguna sección que debamos reforzar, ver que proveedores debemos abandonar para dar cabida a otros nuevos, implantar un sistema de gestión de la calidad, etc.

En definitiva un sinfín de cosas prescindibles pero capaces de marcar la diferencia a largo plazo, que se pueden ir haciendo poco a poco y que nos posibilitan mejorar nuestra profesionalización, productividad y competitividad para estar constantemente dando pequeños pasitos adelante sin prisa pero sin pausa, para no caer en la desesperante situación de vernos un buen día que hay demasiado que hacer y poca motivación para ello, porque la montaña es demasiado alta para subirla y no estamos entrenados para ello.

Los nuevos emprendedores no están dispuestos a resignarse

Pedro Reig Operación Emprende

Pedro Reig Operación Emprende

En los últimos meses he tenido la fortuna de poder relacionarme, trabajar y hablar con muchos emprendedores de diversa índole, tanto emprendedores como intraemprendedores (aquellos que luchan desde dentro, como parte del equipo de una empresa ya activa). Desde mi paso por Operación Emprende de Ajev, clientes, trabajadores y amigos varios me han hecho reflexionar sobre cómo estamos afrontando la actual parálisis desde el emprendedurismo y la acción. En todo este tiempo he podido comprobar cómo la gente no está dispuesta a resignarse y sentarse a observar simplemente si algo o alguien mejora su actual situación. Sea una reacción de obligada supervivencia o porque no hay mucha gente decidida a no dejar que las cosas simplemente pasen. Aunque cada vez son más, no son tantos como para pensar que algo gordo está sucediendo, y aunque hay mucha gente decidida a emprender proyectos por convulsión (es decir, porque no les queda otra) me atrevería a estimar que entre una tercera parte de jóvenes en situación de riesgo profesional  tienen un proyecto emprendedor en mente definido, entendiendo riesgo profesional como “no seguridad”, es decir quedarse sin trabajo, haberse quedado ya, haber acabado sus estudios, etc.

En ese proceso de cambio, la primera reacción común fue darse cuenta de lo que les sucedía (o puede suceder), asimilar la fragilidad del futuro y la inestabilidad como algo no tan pasajero, darse cuenta de que no hacer nada es peor que hacer algo, asimilar que pueden poner mucho de su parte para tratar de cambiar las cosas y a partir de ahí fortalecer la actitud hacia algo nuevo desde las ideas y la pasión.

En las conversaciones mantenidas con los emprendedores pude observar talento y ganas de trabajar. Hay ideas, hay actitud y hay sensibilidad social pero sobretodo ahora, claridad en la necesidad de vender y obtener resultados económicos para poder aguantar. Se preocupan cada vez más por formarse (de modo exigente) y tener un buen plan de empresa, un documento de análisis y reflexión estratégica previa que sirva para reducir riesgos. Tienen claro que deben compartir sus ideas con otros, pedir opiniones, escuchar, intercambiar, relacionarse y no vivir aislados, sino colaborativamente y en red para sumar talentos y generar ahorro. Son quizás más austeros y están cada vez más dispuestos al sufrimiento; siempre les digo que lo único cierto es que tarde o temprano fracasarán y parece que están dispuestos a pagar ese precio. Observo un motor generalizado de pasión entre los proyectos e ideas y una visión más allá del resultado económico. Es decir, proporcionar valor y bienestar a la sociedad en la que viven.

Pero todo esto choca en cierto modo con una realidad volátil y efímera, con sensación creciente de tener cada vez menos control, más desconfianza en nuestros representantes y más poder en manos de menos organizaciones en una creciente concentración del poder económico en todos los sectores. ¿Seremos unos ilusos o seremos capaces de conseguir algo al final del camino? No tengo ni idea, pero lo cierto es que el camino que muchos empiezan a recorrer es lo que llenará de sentido sus vidas y hará cierta la frase que dice que la felicidad es un camino y no un destino.

Alpinistas Samuráis: Necesitamos un nueva raza de líderes

Antònia Font

Antònia Font

Una vez superada y consumida la etapa postindustrial tras la presente crisis, llegamos a la culminación de la era del viejo marketing para pasar a un nuevo tipo de relaciones entre la empresa y el cliente, caracterizadas por un contexto híbrido en el que conviven de la mano sobreoferta y escasez, individualismo e incapacidad de diferenciarse, low-cost y lujo, sobreinformación digital y caída en picado de los medios tradicionales, clonación de destinos turístico-comerciales y espacios nuevos y lugares irrepetibles. Vivimos un momento en el que las verdades absolutas se derrumban y se transforman, donde los ciudadanos necesitan aislarse pero estar conectados y estar solos pero tener contacto, donde los consumidores dicen digo por la mañana y diego por la tarde y todo ello sin dejar de lado unos valores morales a los que acogerse y una capacidad de protesta y reacción creciente.

Una nueva forma de relacionarse con los clientes se debe abrir paso, y para ello se precisa de una nueva raza de empresas, profesionales y personas capaces de liderar el futuro. Para describir su esencia no se me ocurre nada mejor que el título de una canción: “Alpinistes-Samurais” del grupo balear Antònia Font, que sintetiza los rasgos de este nuevo tipo de líderes necesarios: Alpinistas samuráis.

El lado alpinista es el valor: aporta capacidad analítica y de adaptación, superación, esfuerzo, optimización de recursos y aventura. El lado Samurái es el honor: honestidad, honradez, justicia, rigurosidad, excelencia, compasión, trabajo, lealtad y sacrificio.

Los alpinistas son planificadores, atrevidos y con un claro espíritu de superación personal. El alpinista siempre quiere ir más allá: ‘El alpinista es quién conduce su cuerpo allá donde un día sus ojos lo soñaron’decía Gaston Rébuffat. Los alpinistas planifican el ascenso con suficiente anterioridad aunque están preparados para las sorpresas y los imprevistos, saben manejarse en la escasez y evitan las sobrecargas para ser más ágiles, rápidos y así llegar antes y en mejores condiciones a la cima. No tienen prisa y saben esperar, son perseverantes: ‘Lo esencial no es escalar rápido sino durante mucho tiempo’ decía Georges Livanos. Y una vez en la cima, los alpinistas tienen muy claro una evidencia física que tantas veces se olvida cuando se llega arriba: que todo lo que sube, tarde o temprano debe bajar.

Los samuráis son guerreros. Etimológicamente su significado es el de “aquellos que sirven”. Acostumbrados a enfrentarse diariamente a la posibilidad de su propia muerte eran muy conscientes de cada momento que vivían, llegando a morir por su causa. Tenían un valor heroico y reemplazaban el miedo por el respeto y la precaución, ayudaban a sus compañeros en cualquier oportunidad y si la oportunidad no surgía, se salía de su camino para encontrarla. A pesar de su aspecto fiero, los samurái cumplían una serie de estrictas reglas de cortesía hacia su oponente y siempre cumplían su palabra: ‘Cuando un samurái dice que hará algo, es como si ya estuviera hecho’”se dice.

Alpinistas samuráis. Valor y honor para una nueva especie de líderes preparados y capaces de ir más allá, de hacer cambios y de mejorar las cosas, siempre listos para los retos pues como dice la canción ‘cosas más raras nos van a pasar’.

Está todo por hacer

Está todo por hacer

Está todo por hacer

“Ningún pájaro se eleva demasiado alto, si vuela con sus propias alas”

William Blake.

Cuando era adolescente tuve un póster colgado durante años en mi habitación en la que aparecía Michael Jordan con los brazos abiertos y debajo de él se leía la citada frase de William Blake en inglés (no bird soars too high if he soars with his own wings). Algo me decía que el mensaje tenía algo muy importante dentro de sí pero tardé mucho tiempo en lograr traducirla literalmente y entender el significado: que cada persona es dueña de sus propias posibilidades y con ellas es capaz de crear su destino e ir tan lejos como se proponga.

El pasado fin de semana volví a recordar la frase del famoso escritor inglés tras leer del tirón el libro “Está todo por hacer” de Pau Garcia-Milà Pujol, cofundador de EyeOs, empresa de la que ya hemos hablado aquí, creadora del cloud computing desde Olesa, un pueblo catalán de 20.000 habitantes, por dos jóvenes de 18 años, edad que tenían cuando en 2005 lanzaron al mercado la primera versión del software libre EyeOs  y que hoy está presente en 55 países y es la primera alternativa de Cloud Computing frente a las grandes empresas.

Una cuestión importante que expone Pau es que da igual cómo y cuándo empieces a desarrollar tu idea, lo importante es hacerlo. No importa si puedes o estás preparado para ello, si vives en un sitio o en otro, si has ido a tal o cual universidad porque lo que importa es la mentalidad y la capacidad de esfuerzo para atreverse a recorrer el camino; el sentirse capaz de hacerlo es más importante que el ser capaz de hacerlo. Y lo bueno es que todo el mundo tiene o ha tenido ideas y que todo el mundo tiene la opción de sentirse capaz de llevarlas a cabo, lo que nos pasa es que con frecuencia somos nosotros mismos nuestra peor censura.

Vivimos en un país donde lo frecuente es oír que “inventen los otros” y donde la formación va más encaminada a estar del lado de la demanda en el mercado laboral que del lado de los que ofrecen nuevos caminos para que puedan ser recorridos y ocupados por los demás. Estamos inmersos en una sociedad que no se caracteriza precisamente por valorar la innovación y alentar a los emprendedores y que parece haber olvidado que el nivel de bienestar y derechos que hemos alcanzado son una conquista obtenida con esfuerzo y creatividad y debe ser respetada porque no viene de serie.

Pero el hecho de no vivir en un entorno propicio al cambio y la innovación, da cierta ventaja al que decide actuar y hacer, el hecho que no tengamos una economía especialmente competitiva e innovadora facilita las cosas a los que si son creativos e innovadores. El inconveniente con el que nos encontramos actualmente es que no disponemos de muchos precedentes y “autoridades de referencia” que nos sirvan de aliento, fuerza e inspiración como Pau Garcia-Milà o Amancio Ortega, que constatan que los sueños no solo se hacen realidad en Silicon Valley (tecnología) y Milán (moda), aunque lo cierto es que si uno nace y crece a las faldas de Silicon Valley en San Francisco, tiene más posibilidades de creer en el futuro de sus ideas por el simple hecho de ver diariamente como se crea el futuro justo al lado de su casa. Quizás nos falte creer un poco más en el potencial de las personas que nos rodean.

Por tanto, es hora de dejar las excusas de una vez, dejar de pensar que está todo hecho o inventado y que cualquier tiempo pasado fue mejor. Es hora de pasar a la acción porque en realidad, a las puertas de un nuevo mundo, está todo por hacer.

Oportunidades en tiempos de crisis (II)

What can I make for you

What can I make for you

Y como siempre hay un roto para un descosido, la web www.whatcanimakeforyou.com pone en contacto a “customizadores” con clientes que quieren algún producto particular, desde una vela con olor a canela, una camiseta arty con tu grupo favorito o una estantería de cd´s para una habitación. Al entrar en la web, sólo escribes que deseas, cuál es tu presupuesto y tu e-mail. Los consumidores hacen sus peticiones a través de la web que actúa como intermediario entre el productor y el consumidor, gestionando el cobro con tarjeta de crédito o paypal. What Can I Make for You añade cientos de productores a su base de datos cada mes. Una forma original, democrática, sincera y participativa de poner en contacto proveedores y compradores.

Incluso algunas empresas están empezando a cooperar más con los ciudadanos en sus estrategias. La empresa de envíos DHL está probando en Alemania un sistema para que sean los propios usuarios urbanos los que transporten los productos, desde un punto de recogida DHL hasta el destinatario final, que vengan de paso en su camino habitual de casa al trabajo o lugares que más frecuenten. La recompensa que reciben a cambio son puntos intercambiables por billetes de tren o cupones descuento  o créditos de Co2. Una idea innovadora con un gran significado que nos dice que colaborando podemos beneficiarnos nosotros y beneficiar a nuestro entorno por igual. La oportunidad de colaborar está en auge y se comprueba en las agrupaciones de consumidores para compras conjuntas y generar opinión e información, las opciones de compartir nuevos emprendimientos o la tendencia laboral del coworking, que fomenta la colaboración creativa y genera sinergias ahorrando costes en una especie de aprovechamiento mutuo.

Y más allá del ámbito privado, nos encontramos con el reto de recuperar el protagonismo del espacio público: La pérdida de poder de empresas promotoras sobre el suelo y la necesidad de revalorizar la propiedad pública dan lugar a la oportunidad de recuperar el espacio público y urbano con iniciativas atrevidas (aunque de riesgo bajo y escasa inversión) como reconvertir solares municipales en espacios verdes mantenidos por los propios vecinos, logrando un verdadero proceso de participación ciudadana, o como reutilizar más edificios industriales y locales municipales que puedan ser gestionados por emprendedores locales o impulsar y ampliar las posibilidades de los mercados municipales  como locomotoras de los centros urbanos facilitando su autogestion. Se trata de saltar de paradigma e idear nuevas opciones de dinamizar la sociedad y economía local reduciendo costes.

Las oportunidades y los grandes cambios surgen en los momentos menos esperados, donde la materia más valiosa es la gris y hay menos actividad inversora. Es lo que hizo Apple lanzando el iPod en 2001, al poco de estallar la burbuja de las puntocom o el gigante Kellog´s en  plena Gran depresión, optando por duplicar su presupuesto y lanzar una nueva gama de productos: Los Rice Krispies, los famosos y entrañables cereales del desayuno de generaciones de niños en todo el mundo.

Así pues, el momento de cambio que vivimos no sólo está pidiendo mayor capacidad de atrevimiento para generar oportunidades, sino que para generar oportunidades también hay necesidad de un mejor trabajo en equipo, de un mejor entendimiento entre las personas, de mejores relaciones personales, más estables y sobretodo fundamentadas en pilares más sólidos que el dinero: las ideas.

Oportunidades en tiempos de crisis (I)

 

Oportunidad

Oportunidad

Están por todos los sitios. Unas vienen en tablones de anuncios, otras en la web, otras como ofrecimiento a la colaboración y otras como innovaciones caseras. Cada vez hay más, aunque muchas de ellas son como trenes que pasan para no volver: son las oportunidades en tiempos de crisis. Oportunidades cotidianas que se están generando con ingenio, imaginación, creatividad, actitud y esfuerzo, todo esto aderezado con presupuestos bajos. Muchos ya parecen haber asumido que ante la falta de financiación se debe exprimir la imaginación.

Vivimos un tiempo de cambios sin precedentes históricos y sin capacidad de predecir qué pasará, pero hay veces en que la incertidumbre provocada, lejos de paralizarnos, nos empuja y sirve de combustible para la búsqueda conjunta, la cooperación y el asociacionismo en una especie de coopetencia (cooperar para competir) social y doméstica, casi de andar por casa.

No hace falta salir muy lejos para ver anuncios de muchos profesionales dispuestos a compartir  alquiler y espacio con otros profesionales, dando la opción a que surjan las sinergias derivadas de compartir puesto de trabajo. Desde oficinas a tiendas. Recientemente me encontré con un cartel cuya frase central era “tiempo de oportunidades”, donde un arquitecto ofrecía parte de su oficina a otros profesionales, lo cual puede favorecer la generación de ideas y oportunidades entre ellos. Otra iniciativa abría hace pocos días cerca de mi casa en forma de pop-up store (tienda temporal) en el centro de Valencia, donde varios jóvenes diseñadores de moda valencianos han alquilado conjuntamente en el centro y sólo durante navidad, un local para vender sus creaciones. productos originales, frescos y auténticos, donde nadie pone mucho dinero, ni más dinero que nadie y donde el reparto de responsabilidades y el éxito acaban siendo más equitativos. Divide (gastos) y vencerás.

Pero hay ejemplos incluso más creativos fuera de nuestro país. La web holandesa Tweetjemee pone en contacto a cocineros amateurs con clientes de su barrio. El cocinero se crea su propio espacio personalizado (webtaurante) con sus platos y fotos, permitiendo que los clientes elijan su comida preferida, más cercana o más económica. La idea es que los chefs de barrio cocinen más de lo habitual para permitir que otros lo adquieran, una vez añadido a la carta de cada webtaurante particular los vecinos que no tienen tiempo o no quieren cocinar, pueden recoger al precio y la hora convenida su menú 100% casero y saludable.

No renunciar a comer casero y sano, por un precio económico, generando un pequeño beneficio “doméstico” para cocinero de barrio es un trato 100% ganar-ganar, aunque se base en una actividad no regulada, pues lamentablemente no existen mecanismos fiscales y laborales que permitan el desarrollo de pequeñas economías domésticas y eventuales que sean complementarias a otro ingreso principal. Podría incluso ser algo positivo para la economía ya que aquellos a los que les fuera mejor darían el paso a montar un negocio en toda regla. Seguiremos con más ideas, hay muchas ingeniosas oportunidades en tiempos de cambio…

El decisivo papel de la perseverancia

Piccard

Piccard

Hace pocas semanas abrieron un bar-cafetería cerca de mi casa en un céntrico local en el que se han sucedido varios negocios en un solo año. Tras varios años sin actividad, en ese local cerrado y vacío se instaló una panadería que también servía cafés. Su joven y amable dependienta es el recuerdo más duradero que tengo, hasta que medio año más tarde bajaran la persiana definitivamente. Al poco tiempo y con las pilas cargadas abrió una cafetería especializada en “donuts” lo que junto al amplio horario de apertura parecía que se le auguraba otro destino, pero en cuestión de pocos meses se vieron forzados a un nuevo cierre. El último negocio que abrió hace menos de 1 mes, de carácter cubano y que servía también cockteles, acaba de cerrar. En cuestión de días tras su apertura han acabado con el esfuerzo y los ahorros de posiblemente varios años.

Al fijarnos en este fenómeno acaecido en menos de 1 año podemos llegar a la conclusión de que la falta de planificación, organización y sobretodo perseverancia y constancia acaban mermando los sueños de muchos emprendedores que destinan casi todo el dinero de que disponen a abrir negocios guiados básicamente por la intuición que se ven forzados a dar rentabilidades a corto plazo dado ( no hay un fondo de maniobra) y que al no conseguirse ese rápido retorno de la inversión y no disponer de un cierto colchón financiero con el que compaginar la necesaria perseverancia,  el negocio se ve abocado al fracaso. Las cosas, al igual que los niños, suelen necesitar tiempo para echar a andar, así que mientras nos enseñamos a correr será mejor que tengamos una reserva que nos permita aprender y consolidar sin la presión del resultado cortoplacista.

Casi todos los días paso por delante de ese local, ahora cerrado de nuevo, y no puedo evitar pensar sobre uno de los valores que más han permitido  forjar a los grandes seres humanos que ha brindado la historia, haciéndoles superar las barreras de la adversidad y el fracaso. Una de esas personas fue Auguste Piccard. Piccard fue un ingeniero que colaboró con Einstein, y aunque nunca recibió un premio Nobel y su nombre es casi desconocido, su legado es sorprendente.

Poco después de que se descubriera la estratosfera, Piccard quiso ir más allá y se convirtió en el primer hombre que se elevó hasta esta capa con un globo construido por el mismo, alcanzando una altura máxima registrada de 23.000 m., tras muchos intentos fallidos y múltiples ascensiones. Con las técnicas aprendidas sobre presurización de su globo, se decidió por indagar en los océanos y construyó un batiscafo con el que en 1953 alcanzó una profundidad de 3.150 metros acompañado por su hijo. Con este invento se alió con la marina americana y tras varias mejoras introducidas en el Trieste (así se llamaba el batiscafo) en 1960 y con dos tripulantes a bordo (uno de ellos era Jacques) bajó al punto más profundo de nuestro planeta, en el Océano Pacífico a 11.000 metros de profundidad en la Fosa de las Marianas, donde permanecieron 20 minutos.

Su actitud perseverante y llena de energía le llevó a ser el primer hombre que intentó dar la vuelta al mundo en globo, cosa que consiguieron sus hijos en 1999, sin escalas y batiendo tanto el récord de distancia (48.000 km) como el de duración de vuelo en globo (21 días) en el Breitling Orbiter III. En una entrevista le preguntaron: “¿Qué diría a los jóvenes con deseos de buscar aventura?” Y su respuesta fue:

“Que no tienen que ser ricos o musculosos como Arnold Schwarzeneger para lograr grandes cosas. Que, a veces, habrá personas que nos desanimarán, pero con perseverancia podemos llegar hasta el final. Si de verdad queremos hacer algo, nada es imposible. La única manera de llegar a nuestro fin es intentarlo una vez más, después de un fracaso, aunque nos parezca irrealizable. La vida es como un globo llevado por el viento. Si el viento es contrario a nuestro destino, hay que luchar para seguir avanzando.”

Hacerle frente al destino

En unas recientes jornadas sobre comercio celebradas en Barcelona, le preguntaban a un comerciante catalán, presidente de una importante cadena de electrodomésticos, cómo había conseguido hacer de una pequeña tienda familiar una red de más de 150 tiendas. La respuesta fue sencilla: “Como lo hice? Muy fácil. Una detrás de la otra.” Lo que quería decir es que para que estén hechas, las cosas hay que hacerlas. No hay que pensar tanto, ni analizar, ni reunirse tanto, ni debatir, reflexionar, evaluar, criticar, protestar, hay que hacer. La primera diferencia entre los que consiguen algo y los que se quedan en el camino es que mientras los otros discuten cuando empezar algo, uno ya ha empezado. Las escuelas de negocios se dedican a aprender  casos de gente que no ha ido a escuelas de negocios, porque mientras otros pensaban ellos hacían. 

Así que no pensemos tanto en actuar y actuemos. No podemos quedarnos siempre parados esperando que nos reconozcan, que nos ayuden, que nos contraten. No podemos limitarnos a visualizar, sino ejecutamos, ni podemos dedicarnos a analizar riesgos y antecedentes que no hacen sino mermar nuestra iniciativa y capacidad de lograr cosas que inicialmente parecían imposibles. De nada sirve saber cómo se corre sino echamos a correr. Y por largo que parezca el camino, cuanto antes empecemos, antes acabaremos.

Hay historias que ilustran como el ser humano es capaz de crear realidades, independientemente de las condiciones de partida, a través del esfuerzo y la perseverancia. Historias ficticias que a veces se convierten en realidad. El maravilloso cuento de Jean Giono “El hombre que plantaba árboles” que cuenta la fábula de un pastor que  convierte una árida y desolada zona de la Provenza en un bosque verde y lleno de vida, se ha convertido en realidad con la historia de Jesús León Santos, un campesino indígena mexicano que durante los últimos 25 años se ha dedicado a repoblar el paisaje del lugar donde vivía, la Mixteca Alta, en la región  de Oaxaca. Jesús se puso manos a la obra con 18 años para cambiar una zona árida y sin agua que había sufrido un fuerte deterioro a causa de la tala intensiva, la industria de producción de cal y el sobre pastoreo y que sufría un proceso de emigración de sus vecinos a otras zonas más fértiles. Con las técnicas agrícolas precolombinas aprendidas, reuniendo a 400 familias de 12 municipios y creando un centro de desarrollo agrícola con los mínimos recursos económicos impulsaron un programa de reforestación cavando zanjas, plantando barreras naturales, sembrando árboles y trayendo abono. Plantaron alrededor de 4 millones de árboles de especies nativas y se fijaron la meta de conseguir ser independientes alimentariamente. Tras 25 años de mucho esfuerzo la Mixteca Alta ha reverdecido, tiene manantiales, árboles, comida y la gente ha dejado de emigrar.  Ha recibido varios importantes premios entre ellos el Nobel de Ecología de 2008. A día de hoy, continúan plantando 200.000 árboles anuales y dando ejemplo de lo admirable que puede llegar a ser la condición humana.

Muchos piensan que hay cosas que no se pueden cambiar o que aquello que nos sucede es cuestión del destino y que casi nunca hay nada que hacer, pero lo cierto es que el destino es aquello que nos sucede si no hacemos nada para remediarlo.

El valor del esfuerzo

Transformación

Transformacion

A lo largo de los últimos 200 años el ser humano ha logrado mejorar su nivel de vida a pesar de guerras, hambrunas, recesiones y crisis. Con el esfuerzo y el trabajo junto a los derechos e igualdades conseguidos posteriormente, hemos podido transformar las estructuras sociales mejorando nuestras condiciones de vida. Y esto ha sido posible gracias a  la especialización y al intercambio con otros seres humanos, ambos han sido factores esenciales de nuestra evolución. El periodista científico Matt Ridley sostiene que ninguna otra especie puede intercambiar ideas y especializarse. Por tanto, la capacidad de concentrarse, esmerarse y esforzarse trabajando y la capacidad de compartir este fruto con el resto de seres humanos es lo que nos ha permitido evolucionar y generar el cambio en la sociedad. Para propiciar el cambio hemos tenido que sacrificar muchas cosas, librarnos de parte del equipaje para poder renovarlo, abandonar viejos modelos productivos y cuanto más nos hemos cerrado a interpretar la realidad con patrones nuevos, más nos ha costado dar un salto cualitativo y mejorar nuestras condiciones de vida. Se trata de la destrucción creativa o destrucción creadora que para el famoso economista austriaco J. Schumpeter era la esencia del capitalismo. Para crear algo nuevo, casi siempre hay que destruir algo, dejar de hacer algo como lo estábamos haciendo anteriormente. Lo hemos hecho muchas veces durante los 200.000 años de especie humana y parece que nos hayamos olvidado de hacerlo.

Creo que en estos momentos estamos debatiendo sobre defender una situación determinada bajo un paradigma obsoleto y a pesar de reformas, manifestaciones y debates no estamos consiguiendo abrir nuevos caminos y oportunidades a nivel productivo, atraer al talento y fijar un nuevo marco (insólito y desconocido) en el que poder establecer los cimientos de un nuevo modelo. Parece que los actuales emprendedores y futuros líderes empresariales no se sienten identificados por las organizaciones patronales que los representan oficialmente y muchos trabajadores (jóvenes y de pequeñas empresas sobre todo) que desarrollan emprendedurismo y liderazgo en el interior de las empresas (conocidos como intra-emprendedores) no se sienten representados por los sindicatos. Este hecho acaba por mermar la capacidad regenerativa del sistema y el salto hacia un nuevo modelo productivo. Esa es la sensación que tienen muchas personas y muchos de  los pequeños empresarios, autónomos y trabajadores de  pequeñas empresas y micropymes que necesitan sentirse parte de reivindicaciones que aporten nuevos marcos de acción, aire fresco sobre el futuro, ideas y compromisos que tengan en cuenta la importancia del esfuerzo y el sentido de la responsabilidad y pertenencia al grupo.

Administración, organizaciones empresariales y sindicatos deben obtener consenso y compromiso de trabajo para el nuevo escenario necesario, fijando el lienzo sobre el que los actores sociales puedan dibujar con su esfuerzo y superación una nueva realidad. Es hora de empezar a caminar en una dirección que requiere de reflexión pero cada vez más urgentemente decisión y acción. Y esta decisión pasa por abandonar patrones y formas de hacer hasta ahora asumidas y consolidadas para poder adaptarse a la nueva realidad. Es hora de ponerse manos a la obra del cambio con responsabilidad y capacidad de esfuerzo y sacrificio. Como el sobreesfuerzo que debe hacer la crisálida para abandonar el capullo, formalizar su transformación en mariposa y echar a volar.