Prepararse para no estar preparado

 

Mario Alonso Puig

Mario Alonso Puig

La única certeza que tenemos cuando nacemos es que moriremos. No sabemos cuándo ni cómo, pero es un hecho que nos persigue y condiciona desde el primer día en que nacemos. Y es que no nos han enseñado a convivir con aquello que no podemos controlar.  En este sentido, uno debería acostumbrarse y prepararse para no estar preparado, porque la mayor parte de las cosas que nos suceden no las habíamos planeado así.

De otro modo, dejaríamos para otro día muchas decisiones importantes y pasos vitales como acudir a un examen, hacer un viaje, emprender, casarse o tener hijos. Nuestro miedo racional a hacer determinadas cosas y dar pasos está enfrentado con nuestro código genético, formado para tomar decisiones basadas en la intuición y con gran carga emocional. Si nuestras decisiones tuvieran que ser siempre racionales siempre creeríamos que no estamos preparados.

Durante toda nuestra vida, mientras pensamos y nos preparamos, las cosas suceden, y lo hacen porque los tiempos de los acontecimientos que nos devienen no siguen las mismas velocidades que nuestro cerebro, que siempre pensará que es más fácil que las cosas se amolden a él que él amoldarse a las cosas. Y pensar que no estamos preparados para algo tiene su origen en la falta de comprensión de determinados hechos, pues vivimos en una era dominada por la razón en la que todo lo que no se pueda racionalizar se tenderá a demonizar y por tanto a provocarnos miedo. En definitiva, cuando no entendemos algo, tendemos a rechazarlo lo que nos lleva a defendernos del miedo que nos provoca lo desconocido mediante reacciones emocionalmente negativas y perjudiciales.

Este hecho se debe a que durante años, nuestra mente ha sido entrenada en la limitación y no en la abundancia en la que hoy en día vivimos y en este sentido el juicio que nuestra mente tiende a realizar es que no vamos a ser capaces. Ante una situación de cambio me dejo atrapar por emociones negativas. Tomando las explicaciones médicas del Dr. Mario Alonso Puig, cuando tenemos una situación tensa no tenemos claridad porque nuestra zona cerebral prefrontal, encargada de las soluciones creativas y la imaginación, no tiene riego sanguíneo porque este se focaliza hacia estructuras cerebrales antiguas, de 350 millones de años, que lo que hacen es posicionarnos para sobrevivir, no para ser creativos, innovar o imaginar. Son reacciones bruscas generadas en menos de 1 segundo que nos preparan para bloquear, atacar o huir. Tenemos grabado en nuestros genes la respuesta rápida ante la amenaza. No estamos hechos para reposar las palabras y dejar que llenen nuestro pensamiento sino que estamos programados para reaccionar ante cualquier acción. ¿No es cierto que estas reacciones, tan antiguas como los tiburones, están a la orden de nuestro día a día?

Desde pequeños, aprendemos a que es importante reaccionar pero no hemos aprendido a cómo reaccionar. Cambiar este hecho nos va a llevar mucho tiempo porque el uso inconsciente de estas estructuras cerebrales ya no es útil para empezar los cambios y los retos que debemos afrontar en todos los niveles de nuestra cultura (económico, social,…).

Para propiciar un cambio creativo y una nueva realidad, debemos de estar convencidos de que somos capaces de influir en cualquier circunstancia, por compleja que esta sea y para ello, es necesario empezar a entrenarnos en hacer un mejor uso de nuestras capacidades que nos harán más lúcidos en el futuro: aprender a no juzgar, a permanecer en silencio, a escuchar, a ver las cosas desde otros puntos de vista, a hacerlas de otra forma, a no dejarnos llevar por la reacción defensiva, a ser curiosos… y en definitiva, a atreverse a pensar.

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La economía de la rapidez (II)

Slow travel

Slow travel

Cambiamos más rápido que nunca. Según IXP Marketing Group, cerca de 21.000 nuevas marcas irrumpen en el mercado mundial cada año y muy pocas de ellas perduran más de un año. En los últimos meses hemos podido ver como el mismísimo ágora del sistema económico global (aunque ajena a la mayoría de la sociedad), la bolsa,  puede descender del cielo al infierno en una sola noche y una empresa puede perder la mayor parte de su capitalización bursátil en menos de una semana. ¿El motivo? Un simple rumor que infunda miedo en una determinada inversión puede arrollar a millones de pequeñas inversiones y miles de puestos de trabajo sin apenas tiempo para el análisis. La toma de decisiones global es generalmente ultrarrápida, intuitiva y demasiado a menudo se realizan los estudios necesarios para la toma de decisiones al mismo tiempo o incluso posteriormente a haber tomado la propia decisión.

Como hemos dicho, los criterios de fugacidad y rapidez de cambio pueden lastrar el desarrollo personal. En EEUU 1 de cada 4 trabajadores ha estado menos de 1 año trabajando en su empresa. El departamento de trabajo americano estima que el alumno de hoy habrá pasado por más de 10 puestos de trabajo a los 38 años. Los estudiantes se preparan para trabajos que todavía no existen con técnicas que quedarán obsoletas cuando estén en situación de utilizarlas una vez obtenida su titulación. Hay incluso empresas que cierran las cuentas semanalmente o incluso diariamente

La mayor consecuencia de los cambios acelerados es la incertidumbre del tiempo que está por venir que alimenta y hace crecer nuestros miedos y que se acaba traduciendo en un mayor nivel de ansiedad y stress continuado que no hace sino mermar nuestra lucidez y consciencia emocional. La presión constante a la que nos sometemos al no poder seguir un ritmo imposible nos genera frustración que nos hace entregarnos a una manera de actuar autómata, narcótica, guiada por fuerzas externas y desconocidas; acabamos actuando y consumiendo de forma mecánica sin apenas tiempo para la reflexión, sin pararnos a pensar en cuáles son nuestras verdaderas motivaciones y necesidades, sin un porqué claro o un para qué concreto que nos hace desear productos nuevos y lanzamientos renovados (aunque tengan fallos, como la nueva versión del Ipod, la 4ª) con la máxima urgencia para poder saciar el vacío que se nos crea cuando nos encontramos con nosotros mismos, sin las interferencias emocionales que nos produce la falsa satisfacción de lo material. Está claro que la mayor parte de nuestras decisiones de compra son emocionales, pero parece nos importa cada vez menos entender cuáles son esas emociones para otorgarles su merecida importancia….

Un estudio realizado en 2007 entre ciudadanos de 34 ciudades del mundo demostró que el peatón actual anda a 4,5 Km por hora, un 10% más rápido que hace 10 años. Si comparamos incluso en las series y películas de hoy en día la velocidad de pronunciación gramatical es más rápida. Sólo tenemos que ver cualquier programa de los llamados “del corazón” (quizás por la carencia  del mismo en su estilo periodístico y emocional) para darnos cuenta de que la velocidad con la que hablamos hoy en día es mayor a la de hace unas pocas décadas.

No obstante, una vez más el ser humano es capaz de desarrollar mecanismos de regulación  y lucidez como respuesta a la creciente aceleración global con iniciativas cada vez más respaldadas socialmente que propugnan justo lo contrario. Son los movimientos Slow. Y parece que funcionan. Del más reconocido y difundido ya hemos hablado con anterioridad, se trata del movimiento slowfood, creado en 1986 en Roma como protesta al fastfood y del que hay una buena representación en la comarca de la marina alta (marinaalta.slowfood.es). En la próxima entrega hablaremos algunos de estos ejemplos de movimientos lentos que nos llaman la atención como el “slow travel” o una respuesta al “fast-fashion”.

¿Quién quiere ser empresario?: Emprender en tiempos de crisis (II)

Gina GourmetEn estos momentos de incertidumbre que vivimos, resulta que ha aumentado el motivo de crear una empresa “por necesidad” de un 20% hasta una tercera parte de las empresas creadas. La gente monta más empresas por necesidad. El dato es preocupante de cara al futuro, ya que cuando se cambia por necesidad y no se cambia por convicción, la perdurabilidad futura y la capacidad de convertirse en una empresa sensual, capaz de seducir a empleados y clientes, se hipoteca en función del éxito en el corto plazo.

Resulta obvio pensar que no todas las nuevas empresas que se creen deberán dirigirse a los sectores de las energías renovables, la biotecnología y las tecnologías de la información y comunicación (Tic´s). Probablemente serán los sectores cuyo peso en la economía aumente más y cuyas rentabilidades más crezcan. Si, quizás sean los pasteles que más suban y estén listos para ser copados por los más rápidos, pero no podemos dejar de lado la base de la economía y otros sectores tradicionales que sostienen el empleo y la riqueza de muchos territorios. La clave que me gustaría plantear es que no se trata sólo de acudir a los nuevos sectores, sino en replantear arquetipos y maneras de hacer en los oficios más tradicionales y sectores propios y de gran potencial en nuestra zona geográfica. No podemos huir de sectores más clásicos y darlos por perdidos cuando quizás no hayamos pasado del 2º tema. Qué  vamos a hacer con el sector de la 3ª edad (¿porqué no adaptar la legislación, aunar voluntades y convertirnos en el verdadero geriátrico del norte de europa?), el diseño (no  como un subsector al servicio de otros, sino como sector propio), el comercio minorista (con las posibilidades que presenta la gerencia de centros urbanos y el reencuentro entre actividad económica, ciudad y ciudadanía) o el turismo (hay vida más allá del sol y playa, y lo sabemos).

Pero, ¿cómo se le da la vuelta a los estructura de viejos sectores para reinventarlos?

Si coges por ejemplo el concepto de la comida para llevar, lo pasas por una mente creativa y aderezas con una buena propuesta de valor concreta y diseño innovador en el espacio de venta obtienes Gina Gourmet. La “tienda” de comida rápida italiana hecha al momento nace de una aventura de un joven creativo publicitario convertido en emprendedor gastronómico que coge el concepto de “take-away”, añade calidad, simplicidad, servicios, propuesta de valor, diseño y sonrisas. En el pequeño y acogedor local de Gina Gourmet jamás encontrarás paella. Ni tampoco vitrinas para ver el producto cocinado listo para recalentar. Por el contrario, disponen de un mostrador de madera, unos sofás con vistas a la calle, revistas de cocina italiana y actualidad, aparcaperros en  el exterior, cargador de i-phone o  i-pod para tu espera de 10 minutos máximo, tiempo medio de espera que te comunican, contando los 7 sagrados minutos de cocción de tu pasta y calentar la salsa, todas tradicionales italianas propias de su abuela. Durante la espera puedes ojear algún libro de recetas o tomarte un café nespresso en un entorno relajado y acogedor, sin gorros ni delantales blancos. Sus precios van de 2,95 a 5,95 euros. Así de simple. Sus envases de calidad te sirven para calentar correctamente la comida de nuevo en el microondas o volverlo a utilizar en casa. Algo sostenible y ecológico. Un ejemplo de porqué no hay que dejar de fijarse y apoyar ideas inicialmente tradicionales pero que con procesos de reciclaje conceptual pueden abrir nuevos mercados y seguir realizando la función clave del abastecimiento de  proximidad.