El mejor vendedor de Ryanair

Hace unas semanas descubrí al mejor vendedor que me he encontrado nunca en una tripulación aérea y también a uno de los mejores vendedores que he visto nunca. Se trataba de un vuelo entre Santiago y Valencia un lunes a las 8:00 de la mañana. El azafato, un chico español, jovencito. La compañía, Ryanair.

Reconozcámoslo, algo ha pasado en esta compañía para que hayan decidido mejorar su experiencia de compra y uso, desde la propia página web hasta el diseño de los nuevos aviones, pasando tal vez, por considerar a la tripulación como seres humanos capaces de contagiar emociones y ser embajadores de una marca más amigable para todos.

Con el viaje a punto de llegar a Valencia, en torno a las 9:00 h. un azafato de vuelo cogió el telefonillo para dirigirse a los pasajeros: “Buenos días a todo el mundo, quisiera anunciarles que vamos a llegar 20 minutos antes al destino. Gracias a esto, ustedes podrán empezar su día un poco antes y así dedicar más tiempo a lo que más les guste”. Esto es evidente incluso algo ñoño pensaremos todos, pero si lo piensan bien, el dar importancia a este tipo de pequeños detalles de la vida cotidiana y decirlos con simpatía y convicción, incluso con una cierta inocencia infantil, son  capaces de despertar simpatía.

avion-ryanair

Lo mejor estaba por venir: “…Empieza un bonito día  y ya se dejan ver por la ventana los primeros rayos de un sol que apunta que hoy será un gran día…..” La gente empezaba a prestar atención, el joven azafato estaba logrando captar la atención de la gente: “…En el caso de que tengan la suerte de empezar hoy sus vacaciones, ¡van a poder empezarlas 20 minutos antes!, lo cual es una buena noticia……Seguro que algunos de ustedes estarían  pegando una apacible cabezadita, o quizás incluso soñando…. Soñando algún sueño agradable….”. Se notaron algunas risas en cabina, la gente se lo estaba pasando bien, no solo estaban atentos al discurso sino que estaban disfrutando de algo inesperado y agradable, por como lo decía y por el tono de voz….

Finalmente remató la faena de un modo redondo: ”….Estoy seguro que esos sueños no eran baratos….por eso tienen la posibilidad de hacer realidad sus sueños con nuestra lotería”. ¡El azafato nos estaba vendiendo lotería!. La famosa y aburrida lotería de la aburrida compañía aérea. Y para cerrar el discurso aportó argumentos apelando a los sueños: ”Además de cumplir sus sueños usted podrá cumplir los sueños de muchos niños, gracias a que una parte del dinero se destina a la asociación…….Gracias al trabajo de esta asociación, Mireia pudo cumplir el sueño de conocer a….su grupo favorito, conocerlos en persona y ver su concierto de Barcelona del pasado……o Miguel que puedo pasarlo en grande en el Parque Warner y conocer a sus mascotas favoritas….”. El chico no solo estaba dando razones para comprar la lotería, sino que nos estaba vinculando y comprometiendo con el producto, a través de historias únicas, reales y humanas.

El mejor vendedor de Ryanair no se limitaba a hablar, sino a transmitir sinceridad, compromiso y pasión con lo que decía, no se limitaba a dar información o a leer sino a crear un discurso y hacerlo con gracia y sonriendo, contando historias y logrando conectar con la gente. No le costó mucho captar la atención de la gente, todo el mundo le estaba escuchando. Se reían. Al finalizar su pequeño speech hubo incluso quien aplaudió sutilmente. Yo estaba en la fila 5 y delante de mi conté por lo menos 4 personas que compraron los boletos de lotería. Cuando pasó por mi lado, le felicité por  un discurso tan bien realizado y compré un boleto como señal del trabajo bien hecho.

Un rato después, le llegó el turno al azafato que vendía los cosméticos y los perfumes, el cual leyó el discurso escrito. Lo hizo de un modo plano, tal cual el protocolo y guión establecido. Nadie escuchaba. Tenía variedad de productos, marcas y ofertas dutyfree, pero al pasar por cabina nadie le miraba. A pesar de tener un producto mucho mejor y más fácil de vender, no logró despertar el interés de los clientes, no logró conectar con la gente.

Gran lección aprendida que nos recuerda la importancia de la conexión entre las personas, de las relaciones humanas y del contacto físico. La venta se basa en las relaciones, que son la esencia del ser humano y cuyo lugar está cerca del corazón, allí donde residen las emociones.

Anuncios

Los nuevos emprendedores no están dispuestos a resignarse

Pedro Reig Operación Emprende

Pedro Reig Operación Emprende

En los últimos meses he tenido la fortuna de poder relacionarme, trabajar y hablar con muchos emprendedores de diversa índole, tanto emprendedores como intraemprendedores (aquellos que luchan desde dentro, como parte del equipo de una empresa ya activa). Desde mi paso por Operación Emprende de Ajev, clientes, trabajadores y amigos varios me han hecho reflexionar sobre cómo estamos afrontando la actual parálisis desde el emprendedurismo y la acción. En todo este tiempo he podido comprobar cómo la gente no está dispuesta a resignarse y sentarse a observar simplemente si algo o alguien mejora su actual situación. Sea una reacción de obligada supervivencia o porque no hay mucha gente decidida a no dejar que las cosas simplemente pasen. Aunque cada vez son más, no son tantos como para pensar que algo gordo está sucediendo, y aunque hay mucha gente decidida a emprender proyectos por convulsión (es decir, porque no les queda otra) me atrevería a estimar que entre una tercera parte de jóvenes en situación de riesgo profesional  tienen un proyecto emprendedor en mente definido, entendiendo riesgo profesional como “no seguridad”, es decir quedarse sin trabajo, haberse quedado ya, haber acabado sus estudios, etc.

En ese proceso de cambio, la primera reacción común fue darse cuenta de lo que les sucedía (o puede suceder), asimilar la fragilidad del futuro y la inestabilidad como algo no tan pasajero, darse cuenta de que no hacer nada es peor que hacer algo, asimilar que pueden poner mucho de su parte para tratar de cambiar las cosas y a partir de ahí fortalecer la actitud hacia algo nuevo desde las ideas y la pasión.

En las conversaciones mantenidas con los emprendedores pude observar talento y ganas de trabajar. Hay ideas, hay actitud y hay sensibilidad social pero sobretodo ahora, claridad en la necesidad de vender y obtener resultados económicos para poder aguantar. Se preocupan cada vez más por formarse (de modo exigente) y tener un buen plan de empresa, un documento de análisis y reflexión estratégica previa que sirva para reducir riesgos. Tienen claro que deben compartir sus ideas con otros, pedir opiniones, escuchar, intercambiar, relacionarse y no vivir aislados, sino colaborativamente y en red para sumar talentos y generar ahorro. Son quizás más austeros y están cada vez más dispuestos al sufrimiento; siempre les digo que lo único cierto es que tarde o temprano fracasarán y parece que están dispuestos a pagar ese precio. Observo un motor generalizado de pasión entre los proyectos e ideas y una visión más allá del resultado económico. Es decir, proporcionar valor y bienestar a la sociedad en la que viven.

Pero todo esto choca en cierto modo con una realidad volátil y efímera, con sensación creciente de tener cada vez menos control, más desconfianza en nuestros representantes y más poder en manos de menos organizaciones en una creciente concentración del poder económico en todos los sectores. ¿Seremos unos ilusos o seremos capaces de conseguir algo al final del camino? No tengo ni idea, pero lo cierto es que el camino que muchos empiezan a recorrer es lo que llenará de sentido sus vidas y hará cierta la frase que dice que la felicidad es un camino y no un destino.

Lo importante ya no es vender

Experiencia de compra

Experiencia de compra

Una vez le pregunté a mi madre (que es una excelente comerciante y experta en atender bien) sobre cuáles eran para ella las claves más importantes para lograr vender: “Lo importante no es vender, es hacer feliz a la gente, porque quizás no te compren hoy pero te comprarán mañana”. Desde entonces repito esa frase en cualquier sitio al que voy a hablar de ventas porque su visión, cargada de sabiduría, es desafiante y no queda exenta de polémica. Esta frase llena de contenido esconde varios puntos clave que muchas veces quedan olvidados por el afán de “cerrar” una venta rápido y a cualquier precio, incluso mayor del que se obtiene a cambio. En primer lugar, es un error centrarnos antes en el producto que en el cliente, y como cada cliente es un mundo, el poner el foco en lo que queremos vender nos impide conocer con exactitud qué diablos ha venido este cliente a hacer a  nuestro negocio, ya que una cosa es lo que creemos que queremos y otra lo que realmente buscamos; lo que realmente buscamos no tiene tanto que ver con lo material como con lo emocional. En segundo lugar, si alguien se siente bien y sonríe permanecerá más tiempo en la tienda o negocio, se sentirá más seguro y las probabilidades de comprar crecerán porque generaremos confianza, algo indispensable para vender en medio de un océano de productos casi iguales entre sí. En tercer lugar, los modelos de negocio de éxito del futuro no tienen lugar en el corto plazo y finalmente, poner el foco en la dimensión más emocional del cliente nos permite jugar con todo un universo de recursos mucho más interesantes, divertidos y convincentes que un buen vendedor de los de “toda la vida”: gestión estratégica del espacio, olores, colores, luces, ambientes, mensajes, universos, diseños, etc. lo cual da más vida a nuestro espacio de venta ya sea real o virtual y lo que es más importante aún, nos hace sentir mejor a los clientes y más seguros a los que tenemos que vender. Con todo esto listo, la magia surge cuando en este espacio emocional tenemos la opción de hacer una de las cosas más bonitas y que nos dotan de mayor sentido y autenticidad: contar historias. No digo que haya que olvidarse de vender (fin último de la actividad) sino que el foco hay que ponerlo cada vez más en la experiencias que pueda vivir el cliente y en sus sentimientos para conseguir ventas a largo plazo, más importantes, duraderas y estables.

I Owe You es el ejemplo perfecto de una historia detrás de cada producto. El objeto de esta web dedicada a la venta on-line de productos textiles artesanos es “descubrir la historia de la prenda y de la persona que la creó, a la vez que interactuar con el artesano”. Cada prenda IOU tiene una historia detrás, desde la concepción de su nombre hasta el comerciante que la compró para venderla en su tienda pasando por la historia del artesano que escogió la combinación de color y la tejió.

Otro ejemplo del poder de las historias es el concepto de tienda japonés Pass the Baton, tienda de segunda mano ubicada en Tokio que explica quién fue el dueño original del producto y la historia que tuvo con el mismo: la muñeca que acompañó a una niña en su infancia, el jarro donde la abuela ponía las galletas de la merienda….y ese sinfín de objetos que dotan de alma propia y sentido a un producto que inicialmente puede parecer aburrido y no tener nada especial.

En resumen, todas las cosas pueden ser especiales si nos atrevemos a contar las historias que las hacen únicas. Cualquier lugar, objeto y persona muestra todo su sentido y potencial cuando descubre la historia única que hay en ella, así que más allá de vender y centrarse en “cerrar” una venta más, lo importante ahora es ser capaz de “abrir” una venta a través de historias que den sentido a la venta y felicidad al cliente y sea este el que decida libremente cuándo poner fin.