2013. Llegó la hora de salir a sembrar el trigo.

Para crear hay que destruir. Para obtener algo nuevo es necesario que lo viejo deje lugar. Para obtener el vino primero debe de crecer la uva, que debe ser transformada y desaparecer para dar lugar al caldo. Pero vino y uva no pueden convivir juntos, aunque el uno sea condición necesaria para el otro. Lo mismo sucede con la mariposa y el gusano, las estaciones del año,  etc. Todo lo nuevo necesita un camino libre para crecer porque cuando queremos construir nuevas estructuras sobre la base y los cimientos de las antiguas, al final todo acaba derrumbándose. En nuestra cultura cristiana y occidental existe un temor infundado a la renovación, a la destrucción creadora, a la desaparición y al más allá, nos horroriza la muerte como forma natural de dejar paso a lo nuevo y nos empeñamos en salvar todo lo que poseemos y hemos construido sin darnos cuenta que con ello imposibilitamos la oportunidad de crear una nueva realidad. Y lo peor de todo es que cuanto más nos empeñamos en salvar aquello a lo que le ha llegado su fin,  mayor es la caída y destrucción.

Y en eso estamos actualmente, en el dilema del cambio frente a la conservación, entre el miedo a perder lo poco que nos queda y el abismo de la renovación hacia un camino desconocido, entre la seguridad de conservar lo poco que tenemos y la oportunidad de crear algo totalmente nuevo, entre la cobardía de quedarnos casi como estamos y la valentía de querer cambiarlo todo. Si escuchamos a las voces dirigentes de nuestro rumbo (los mercados, el G8, etc.) no hacen más que dar vueltas sobre propuestas que poco cambian las cosas o que si las cambian servirán tan solo para empezar un nuevo ciclo que nos lleve a la misma situación actual en otros 10 o 15 años. Y porque? Pues porque se construyen sobre las mismas bases sobre las que se han creado nuestros problemas.   Es una espiral de difícil solución; Algunos (casi todos con poder y dinero) temen perder todo lo que han ganado y siguen ganando en la turbulencia mientras otros muchos (la gran mayoría) siguen abocándose en una espiral de destrucción y parálisis.

Nada volverá a ser como antes por mucho que intentemos repetir las recetas. La oportunidad que se le brinda a la sociedad, con más opciones que nunca de interconexión, es que asuma que tiene en sus manos el poder de cambiar las cosas. Basta ya de sentirnos tan minúsculos y  sobretodo basta ya de externalizar nuestro dolor, porque cuanto más tiempo pasamos culpando a los demás de lo que nos pasa más débiles y vulnerables nos sentimos. Es hora de deshacernos del pasado y la forma en que solíamos entender el mundo, las relaciones, la economía y el progreso. La nueva sociedad se basará en la cooperación y no en la competencia, en el trabajo en red por encima del éxito individual, en el emprendimiento en lugar de la subordinación y en el talento más que en el conocimiento. Solo así podremos garantizar el bienestar de nuestros hijos.  Todo ello desde una visión holística y global de los actos individuales y globales, con la consciencia de que todo deja huella.

Dejemos la resignación de las voces que nos dicen que no podemos hacer nada. Millones de pequeños aleteos de mariposa pueden producir un huracánImagen, siempre que todas asuman su pequeño rol. Seamos responsables de nuestro futuro de una vez por todas. Una nueva era puede empezar y tenemos el poder de hacerla realidad. Está claro que nos queda mucho camino por delante y que el nuevo año no va a venir con el pan bajo el brazo, así que ya va siendo hora de que salgamos a labrar la tierra y sembrar el trigo. 

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Factores de cambio: el camino hacia la transformación (III)

Finalmente y sin más preámbulos vamos a exponer los últimos factores motivadores del proceso de cambio positivo, convencido y consciente.

La necesaria confianza. Sin ella nunca hubiéramos empezado a caminar. La confianza nos permite afrontar los retos con esperanza y sentido y nos da la fuerza necesaria para intentarlo. Los muros que encontramos en la vida muchas veces se nos ponen delante para que seamos capaces de demostrar lo mucho que queremos algo. No podemos basarnos en la confianza como único soporte de nuestro éxito, ya que mal entendida puede derivar en arrogancia, que supone tener una confianza sin sustento, convirtiéndonos en desproporcionados e inconscientes. Pero aprovechemos la lucidez de la confianza, ya que nos hace ser creativos de forma natural. Así pues, la confianza nutre nuestra creatividad.

Sonreír y fomentar el sentido del humor. Los que ríen viven entre un 20 y un 25% más. La risa es atractiva, contagiosa, libera tensión y provoca felicidad. Un día sin risa es un día perdido. Riendo estimulamos nuestros circuitos neuronales y hasta gastamos muchas más calorías.

 La humildad. No te creas mejor que nadie, no te ciegues por la soberbia, no te resignes al cambio, abre los ojos y acepta lo que te brinda el destino. Humildad deriva del latín humilis, que significa “bajo” o “de la tierra”, por lo que  la humildad nos mantiene conectados con nuestras raíces, en suelo firme, lejos del encantamiento y la soberbia. La humildad nos despoja de sufrimientos e imposiciones del sistema y nos permite ser más auténticos, tolerantes y agradecidos. No en vano, para el gran filósofo Kant, la humildad era la virtud más importante de la vida.

El esfuerzo y la perseverancia.  Nuestra vida está regida por la ley de causa-efecto. Alex Rovira en su último libro “La buena crisis” explica que el motivo por el que la mariposa puede volar, ya que  la energía que desprende para romper el capullo le sirve para echar a volar una vez  roto su pedúnculo sedoso. Sus alas derrochan tanta fuerza que se fortalecen lo suficiente como para poder emprender el vuelo. Por tanto, la clave para que pueda iniciar su vida de mariposa está en el sobreesfuerzo constante que realiza previamente. Cuando dejamos de esforzarnos por algo, perdemos de vista hasta donde somos capaces de llegar, hasta donde alcanza nuestra fuerza.

Compromiso social. Si nos comprometemos con nosotros mismos, nos comprometemos también con lo que nos rodea. No podemos dejar a un lado el compromiso con nuestros semejantes. Desarrollar labores sociales nos permite mantenernos vivos, relacionarnos con fines supremos e inequívocos, emocionarnos y motivarnos con nuestras acciones y sentirnos más vivos, lo cual se relaciona directamente con el optimismo necesario para el cambio.

La Gratitud. Ser agradecidos y manifestar la gratitud a las personas que nos rodean, desde el conductor del autobús, camarero de nuestro bar, compañero de trabajo o algún familiar más cercano. La simple gratitud de estar vivos es motivo de armonía y tranquilidad interior. Seamos conscientes de que al tener la oportunidad y el regalo de poder vivir más tiempo y  tener la posibilidad de cumplir más objetivos que el mero hecho de crecer y reproducirnos, el hombre se encuentra ante la reflexión sobre el sentido de la vida, de si mismo y ante el reto de la felicidad. El mero hecho de poder plantearse esta cuestión ya debería ser motivo de satisfacción. Seamos gratos por el simple hecho de estar vivos, hace pocos siglos la esperanza de vida era menos de la mitad de lo que es hoy en día.

Motivación. Motivación y pasión. Ilusión y motivación. Todos sinónimos de acción y culminación. Las personas motivadas no solo rinden mejor sino que son más conscientes de los sucesos de su alrededor, son personas conscientes y más resolutivas. La motivación se adquiere cuando creemos, cuando entendemos, cuando decidimos y cuando tenemos ilusión. La motivación y la pasión nos llevan a la acción y el esfuerzo se supera fácilmente con ilusión, palabra que tiene su raíz en el latín illudere que viene de ludere, cuyo significado es “juego”. Así pues, la ilusión nos evoca la palabra juego y qué fácil es motivarse y esforzarse si nos sentimos como si estuviéramos jugando!

En resumen, en las 3 últimas entregas hemos hablado de la curiosidad, la autocrítica, la opción del fracaso, la capacidad de dudar, el amor, la aceptación del dolor, el optimismo, la confianza, el esfuerzo, la consciencia, el sentido del humor, el compromiso, la gratitud y la motivación como motores de cambio. Una lista que permanece abierta. Ahora volvamos a las exposiciones y reflexiones sobre casos personales, colectivos y empresariales. Casos que nos inspiran, nos sorprenden y nos empujan. Tomemos carrerilla y salgámonos de lo común.

Factores de cambio: el camino hacia la transformación (II)

“Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos” Viktor Frankl

No podemos resistirnos a aceptar que las cosas han cambiado y de que volverán a cambiar. Aceptemos que dedicando el mismo esfuerzo, los resultados de hoy son diferentes a los de ayer. Por tanto, continuemos con la reflexión sobre los factores necesarios para cambiar de paradigma, entender las cosas de una nueva forma y tomar mayor consciencia de la vida que nos rodea y que a veces nos pasa por delante sin apenas darnos cuenta.

La duda es la primera clave necesaria para cambiar, ya que nos invita a mirar dentro de nosotros mismos y a chocar de frente con nuestra insatisfacción. Esto nos hace tomar mayor consciencia de la necesidad de cambio y evolución. La incertidumbre positiva nos hace asumir que las cosas pueden salir mal pero que no por ello debemos afligirnos, por tanto no tengamos miedo y no cerremos el corazón al riesgo y al dolor.

La capacidad de amar es el alimento más importante para poder transformarnos, de casi todo somos capaces por amor y gracias a él estamos vivos, no hay otra forma de sobrevivir en el planeta si no recibimos el amor incondicional de otra persona. Conservemos en nuestros actos la pasión, la intensidad, la conectividad, la necesidad, la generosidad, las ganas de vivir, la energía y la capacidad de crear que nos brinda esta palabra mágica. La capacidad de amar nos abre hacia la capacidad de perdonar sin rencor, de resetear nuestras relaciones y cargar de nuevo las pilas. El amor no necesita de las comodidades materiales, de fortuna externa y proporciona lo estrictamente necesario para una vida plena.

La aceptación del dolor. Afrontémoslo con sosiego pero dejemos siempre la puerta abierta al retorno del placer y la felicidad. No podemos vivir siempre en la comodidad sin aceptar la dualidad felicidad/dolor. La adversidad nos permite descubrir nuevas facetas y potenciar nuestras virtudes y al mismo tiempo nos permite madurar emocionalmente. Aceptar y tener la consciencia de que es imposible sentirse felices en todo momento. No tengamos miedo al dolor, el miedo a perder nos hace perder de verdad o al menos nos predispone al fracaso, ya que nuestros pensamientos son potenciales generadores de circunstancias. Según los estoicos, los seres humanos debemos agradecer los infortunios porque nos permiten desarrollar nuestra fuerza. La mayoría de veces hasta que no llegamos a una situación de dolor y malestar, no nos cuestionamos nuestra forma de ver el mundo, lo que nos abre un abanico de posibilidades para mejorar como seres humanos. Darnos de cabeza y resignarnos continuamente nos somete y hunde en la desdicha, pero aceptar y afrontar lo que nos sucede nos hace capaces de iniciar el camino de la transformación.

El valor del optimismo. Las personas optimistas rinden entre un 65% y un 100% más y sufren menos enfermedades. Siguiendo las enseñanzas de Victor Frankl, no podemos elegir lo que nos va suceder pero si podemos elegir la actitud con la que vamos a afrontarlo. Esa actitud será el motor de las acciones y las circunstancias que se generen y si nuestra actitud es positiva, lo cual no quiere decir que sea inconsciente, tendremos una mayor capacidad de crear soluciones y alternativas. La actitud optimista es la que mueve al mundo a hacer cosas buenas para los demás. Las personas optimistas almacenan en la memoria principalmente recuerdos positivos y tienen mayor facilidad para tener éxito, valorar los malos acontecimientos con más perspectiva y mayor esperanza frente al futuro.  Las personas pesimistas no sólo ven el problema dentro de si mismos, sino también proyectan el dolor hacia sus semejantes, buscan y destacan las partes negativas y tienden a restar importancia a los logros ajenos, sumiéndose en la codicia emocional y la apatía existencial. No tienen facilidad para realizarse interiormente y sentirse plenos ya que lo logrado nunca es suficiente y todo esto les lleva a generar mayores niveles de cortisol y stress y finalmente a enfermar con mayor facilidad (no solo enfermedad física), sentirse incapaces y más débiles y vulnerables.

En la próxima entrega terminaremos con el resto de factores que facilitan y propician el cambio y la transformación.